Política 09-08-2008 - 577 Palabras

(Presidenta)

 

LA HISTORIA DE LA SEÑORA PRESIDENTA

 

Había una vez una mujer cuyo marido había sido presidente de su país. Ella quería seguirle los pasos profesionales y daba una feroz batalla para lograr su cometido.

 

Algunos críticos decían que, en realidad, tanto en la casa como durante el mandato del señor, ella había sido la artífice de todos los dichos y hechos de su esposo, oficiando como presidente en las sombras, manipulando y ordenando qué era lo correcto para el destino de la nación. Pocos eran los que reconocían en él la capacidad real de mando y decisión.

 

Sin embargo, a poco que las cosas se fueron decantando, esas mismas voces comenzaron a decir exactamente lo contrario. A ella la empezaron a atacar con aquello de la falta de temple para gobernar un país.

 

A la defensiva, hizo gala de sus dotes femeninas y persistió en su intento eleccionario.

 

Su país, mientras, parecía a la deriva. Los agoreros de siempre –que los hay y en todos lados–, azuzaban a las masas ciudadanas con problemas económicos, financieros, políticos y sociales.

 

En realidad, como en toda historia que se precie de tal, una parte era plausible y la otra bastante, bastante inflada. Sin embargo, la imagen de su Estado no dejaba de caer.

 

En el mundo se lo miraba con recelo por sus acciones en el plano interno y, mucho más, por sus desmanejos en materia de política internacional.

 

Eran cada vez más las voces que no entendían por qué la política de un gobierno que tiene todo dado para hacer las cosas bien, se orientaba de manera tan errónea.

 

Poco y nada de esas críticas se escuchaban. Incluso se decía que la llegada de la mujer al poder deterioraría las bases eleccionarias en su propio partido, tras un jaleo de meses y una presencia de años y hasta décadas de la señora en el poder.

 

En el medio, se tejieron fabulaciones bochornosas y amarillismos en relación a su vida personal, al comportamiento de la familia y de los hijos de la pareja presidencial. La intimidad quedó hecha añicos y fueron muchos los que decidieron comer de esas entrañas hasta dejar el hueso blanco. Carroñeros, también, hay en todos lados.

 

Con el correr del tiempo, las posiciones a favor y en contra de la dama se fueron haciendo cada vez más extremas. Los fervientes defensores intentaban acallar todo aquello que, desde la vereda contraria, se lanzaba contra la iniciativa de la otrora primera dama. Los de enfrente, en cambio, encontraban el pelo en cualquier huevo que se les presentara.

 

Así las cosas, la marcha seguía su rumbo preestablecido, sin siquiera fijarse qué le depararía el trayecto una vez que se acercara a su final o, si se quiere, una vez que diera un par de pasos más de aquellos considerados en falso.

 

De allí que la discusión hoy esté más viva que nunca. Se trata de la sucesión presidencial en uno de los países que supo ser potencia durante gran parte del siglo XX y que podría continuar con su liderazgo durante muchos años más.

 

Pero Hillary Clinton parece decidida a dar batalla en las primarias demócratas hasta las últimas consecuencias. Aún si eso deteriora las chances que tiene su contrincante en las primarias de llegar a la presidencia.

 

Es así. La política tiene mucho de vocación de servicio, pero a veces parece que tiene una cuota aún más alta de deseo de poder.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP