Política 16-05-2008 - 577 Palabras
(Leyes)
SI LAS LEYES SE CUMPLIERAN
Piso 14. Vista abierta. Desde la ventana se ve casi toda la ciudad. Desde Rivadavia para el lado del interior. Abajo están las vías, la calle, la obra en construcción. Miro hacia allá sin el más mínimo ánimo de saltar por el balcón, pero no puedo apartar la mirada: peatones, ciclistas, automovilistas y hasta el bendito tren que me sacude la pantalla cada vez que pasa, parecen vivir en la anomia más absoluta.
El descrédito de las normas es verdaderamente suicida. Cruzan las vías con la barrera baja, caminan al lado de los durmientes, atraviesan por entre medio de los autos que esperan para pasar. Todos se mandan, total…
La idiotez y la soberbia, un poco de esto,
otro de aquello, ha hecho que le perdamos todo respeto a la ley, incluso a
aquellas que están hechas directamente para protegernos.
¿Qué tan difícil puede ser comprender un “mire bien al bajar” o “peligro, cruce de ferrocarriles” o una barrera baja o un semáforo en rojo?
Evidentemente, llevamos mucho tiempo sin ejemplos, con normas sin sanciones por su incumplimiento.
Si entran por una puerta y salen por la otra, si a los grandes nadie los controla porque es difícil que caigan, si el político defrauda y vuelve a ser elegido, si nadie paga lo que la ley dice que debe pagar cuando se la pasa por el cavado, la sensación de impunidad se reproduce a niveles que rozan la locura y la estupidez.
En ese contexto las leyes de la física, en general, siguen funcionado. Si un tren a velocidad constante se lleva puesto a un ciclista, el ciclista se muere, por más que haya policías, por más que la ambulancia llegue a tiempo y por más que tenga un casco bien aferrado.
¿Tan baja está la credibilidad del sistema legal que hasta las normas más elementales, las del sentido común, están siendo dejadas de lado?
Mientras pienso, escucho una sirena. No es una, son dos. Ambulancia y Bomberos. Dejo de escribir, por el rabillo siento a un par de policías corriendo. No, corriendo no. Caminando.
Me fijo, están terminando de mandar un mensaje de texto por su celular (que se lo pagan ellos, porque no es parte de su equipo de comunicaciones). Escucho corridas. Gritos. Insultos. Es porque el tren no avanza.
Me pongo los anteojos. Caramba. Una motito está en el medio del cruce. Está acostada. Duerme un sueño profundo.
Ahí unos pibes salen corriendo y se llevan un casco y un espejito. El caso estaba en un codo. Ah! Caramba. El codo es de un cuerpo.
No. El cuerpo no está ahí. Está a un par de metros. Un metro, dos metros y siete metros, según qué parte de la anatomía humana se quiera inspeccionar.
Creo que el motoquero de ésta no zafa. Es cierto, la multa no se la van a hacer. Es un vivo bárbaro (con perdón de la expresión: está muerto).
¿Mucha presión en el trabajo? Sí. Lo mismo le pasa a los colectiveros, a los taxistas, a los choferes de larga distancia y hasta a los pilotos de avión.
No es cuestión de capacitación o posición social.
Presionados, empleados y empleadores, todos nos pasamos las leyes por los lugares más recónditos de nuestros cuerpos. Pero hay leyes que nos devuelven a la realidad. A una que dice que una sociedad funciona mejor cuando las normas se cumplen y se hacen cumplir.
Ariel Neuman
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Agencia MP