Política 30-05-2008 - 593
Palabras
(Conflicto gobierno-campo)
CORDURA
Tergiversar las palabras es un mal siniestro, una acción que le quita el valor real a los hechos y que permite desdibujar la memoria social.
Durante esta semana se acusó de golpista al campo. En los días anteriores
se había hablado de intentos de derrocamiento y desestabilización, de defensa
de la democracia y de oligarquías terratenientes que semejaban las de décadas o
siglos atrás.
¿Acaso alguien está leyendo 1984 de George Orwell y fascinado con la neolengua
y el crimental está jugando a imitarlo? Si la respuesta es afirmativa,
nada de lo que lea de aquí para abajo lo podrá sacudir de nada. Pero si no es
así, hay que tener en cuenta, al menos, los siguientes puntos.
La democracia es un sistema político en el cual debe primar siempre la
decisión de las mayorías, aunque con el respeto absoluto a las minorías. La
única excepción a la regla es cuando la minoría trata de, como se acusa,
desestabilizar al sistema. Ahí la tolerancia cede su lugar a la represión.
¿Quién es minoría en el conflicto del campo? Obviamente, las dos partes le
arrogan a la otra esa representatividad.
Sin embargo, permítaseme dudar sobre la mayoría que encarna el gobierno en
este caso. Al fin de cuentas, si la única carta de justificación es el haber
ganado las últimas elecciones, en cualquier momento se podría reimplantar la prima
nocte y el diezmo para el señor feudal y nadie estaría en condiciones de
patalear.
De hecho, la elevación del monto retenido en las exportaciones –el que
motivó el conflicto, por si alguien lo ha olvidado–, se dictó a través de un
acto administrativo de jerarquía menor, violando la obligatoriedad legal que
impone la Constitución para regular impuestos y superando los límites de exacción
razonables establecidos por la Corte Suprema para temas impositivos.
Siendo así, la protesta del campo es contra una norma ilegítima y, por qué
no, antidemocrática en sí.
Pero más grave aún es decir que el descontento y consecuente paro
agropecuario es una intentona golpista, lo mismo que las manifestaciones y
declaraciones hechas en su apoyo.
Por un lado, esta acusación le desconoce al otro (sea minoría o mayoría, no
importa) la potestad, el derecho inalienable al disenso.
Si el gobierno esperaba que el aumento de impuestos fuese celebrado con un
asado popular al que se invitara a los principales funcionarios, estuvo muy mal
asesorado. Era previsible que el sector no iba a quedarse de brazos cruzados.
Pero, para peor, con semejantes dislates y difamaciones, lo que se hace es
desdibujar el pasado argentino.
Desde 1930 para acá nuestro país ha experimentado en reiteradas ocasiones,
a cada cual más nefasta, sanguinaria y cruel, lo que significa vivir en estado
de golpe.
¿Puede una protesta con fundamento legítimo ser tildada como lo fue, por el
simple hecho de que no se está dispuesto a ceder? ¿Se comparan las
organizaciones rurales con los movimientos previos al golpe del 76? ¿Hay, en
todo esto, acaso un mísero tufillo a lo que fue el fatídico diciembre de 2001?
La adjetivación que se hace no es más que una forma de azuzar viejos
temores y fantasmas. De la protesta participan sectores con pasados históricos
lamentables y muchos otros con futuros expectantes. Del gobierno, curiosamente,
también.
Hace tiempo que es momento de invocar a la cordura. Tal vez ya es momento
de llamar también a la mesura. De olvidar la puja de poder que hoy parece
alcanzar a ambas partes. De visualizar que un país entero está en ascuas y
expectante.
Ariel Neuman
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP