Política 06-06-2008 - 567 Palabras

(Conflico gobierno-campo)

 

POSICIONES E INTERESES

 

Todo el mundo sabe que si se quiere tener huevos, no se debe matar a la gallina, y que si se quiere que haya leche, lo peor que puede hacerse es mandar a la vaquita a degüello. Es tan obvia la relación causa-efecto que las críticas dirigidas contra el gobierno por su política hacia el campo, han terminado por obviar una cuestión crucial: la forma en que ambos lados están planteando sus posiciones e intereses.

 

Se trata, éste, del eje de trabajo que durante décadas ha venido desplegando la Escuela de Negociación de la Universidad de Harvard y que ha marcado un modelo de negociación que, al parecer, por estas pampas poco y nada se ejercita.

 

Se trata de un sistema por el cual se bucea en los deseos y necesidades reales de la otra parte, que en muchos casos difieren de lo que esa parte manifiesta o incluso cree que son.

 

Asimismo, maneja un criterio de ganar-ganar. Esto es: no necesariamente en una negociación hay ganadores y perdedores, sino que ambas partes pueden salir airosas.

 

Tomemos el clásico ejemplo de la naranja. Dos personas la quieren. Pelean por ella. Ninguno la tiene. Se sientan y conversan para ver qué quiere cada uno de la redondeada fruta: el primero quiere jugo, el segundo hacer confituras con la cáscara. Una naranja, dos intereses, dos posiciones, dos ganadores.

 

Esta filosofía es más que apropiada para la negociación política. Hoy, de hecho, tras el reconocimiento del triunfo demócrata del candidato Barak Obama, Hillary Clinton tantea el paño para ser su compañera de fórmula.

 

Entre ambos manejan al electorado de su partido. Sumarlos, lejos de minar la credibilidad de la esposa del ex presidente, acrecienta el potencial.

 

Se trata, siempre, de agrandar la torta o de ver la mejor forma de distribuir sus porciones para que todos queden satisfechos.

 

Vueltos a la realidad, la pregunta es si entre gobierno y campo se podría plantear una negociación de ese estilo. Antes, claro, habría que descubrir cuáles son los intereses de cada uno.

 

Las posiciones son claras: para la Administración, se trata de recaudar más con ánimo distributivo. A eso se agrega una intencionalidad que está representada con frases como “piquete de la abundancia” y referencias al pasado histórico del sector. En este punto, el tinte ideológico no puede pasarse por alto.

 

Para el campo, en tanto, se trata de que el esfuerzo que realizan sus trabajadores y productores no tiene por qué caer en manos del estado por el simple hecho de que hay dinero allí.

 

¿Hay espacio, por ejemplo, para crear un fondo fiduciario administrado por ambas partes, que maneje el dinero de las retenciones y las destine, directamente, a mejorar la infraestructura rural con caminos, créditos blandos para maquinarias o construcción de hospitales y escuelas rurales?

 

La teoría indica que sí. Que allí habría una luz tal vez no para solucionar el problema, pero sí para gestionarlo.

 

Claro que en el esquema negociador de Harvard ambas partes tienen que compartir, al menos, la voluntad de acercarse. De hecho, se recomienda que en la mesa de negociación se siente uno al lado del otro, poniéndose del mismo lado.

 

Por lo pronto, en el aquí y el ahora se está haciendo todo lo contrario. Las partes siguen cada vez más enfrentadas y parecen empecinadas en mantener sus posiciones, olvidando cuáles son sus verdaderos intereses.

 

Ariel Neuman

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Agencia MP