Política 27-06-2008 - 591
Palabras
(Violencia)
PRESENTE SIN FUTURO
Todavía no amanece en la ciudad. Mariana escucha música vía auriculares y un movimiento cuasirítmico de su cabeza, asintiendo una y otra ves. Yo espero el colectivo que, por cierto, nunca llega.
Mariana (no es ese su nombre -o sí-, tal vez yo nunca lo sepa) no alcanza los
13 años. A ella, no a mí, se le acerca una nena de no más de 10 y le pide una
moneda. Es raro. Yo estoy de traje; cualquiera supondría que tengo un monedero
más tintineante que el de la pequeña.
“No, ni ahí”, le contesta Mariana. Se acerca una nena más, más chica que la
anterior, y un pequeñín, que a gatas si tiene más de 6 años. La rodean y le
piden la famosa monedita. Ella no tiene y repite su “ni ahí, ni ahí, tengo un
peso, ni ahí”. Una de las nenas le agarra el auricular y amenaza con tironeárselo.
“Ni ahí”, responde Mariana, con un empujón certero que termina con los tres
chicos insultándola y yéndose.
En todo el proceso, Mariana no dejó de asentir con la cabeza. Yo no dejé de
mirar para otro lado (Mariana estaba atrás mío y sólo escuché los pedidos de
unos y la respuesta de la otra, hasta que atiné a voltear ante la insistencia)
y el hombre que estaba delante mío no dejaba de hacerse el distraído.
¿Acaso es esto un planteo político o una historia policial-social? Creo,
sin margen de error, que claramente es político.
En primer lugar, porque como miembros de una sociedad supuestamente
civilizada, ni el hombre ni yo hicimos nada por detener lo que sucedía. Y si no
lo hicimos, probablemente más que por desinterés genuino haya sido por acostumbramiento.
En segundo, está justamente ese acostumbrarse a que las cosas que están mal
se presenten como irresolubles. Lo que sabemos es quejarnos -como hago en este
momento, en esta columna- esperando a que otros vengan y cambien las cosas.
En tercero, suponemos que el país camina sólo y olvidamos que si no lo
ayudamos, a gatas que gatea. En otros términos: si a la infancia, sea la de
Mariana, sea la de los otros tres chicos, no la cuidamos entre todos, tendremos
un futuro de desastre.
El crecimiento del consumo de droga, la violencia estudiantil, el
consumismo a ultranza, son parte de los valores que están propagados entre los
chicos de hoy. ¿Son valores? No, claramente, para las generaciones previas,
pero bajo ese paraguas se manejan muchos de quienes componen la actualidad del
país.
Debemos hacer algo, evidentemente. Creer que de un chico abandonado hoy en
la calle hay muchas chances de que surja un gran científico, o un estadista, o
siquiera un trabajador, es pedir demasiado y soñar en exceso.
El chico abandonado y desatendido de hoy, en caso de que logre sobrevivir,
es el adolescente violento de mañana y, en caso de que nuevamente logre
sobrevivir, será el adulto que nos atemorice en nuestra vida diaria.
¿Quién es responsable, entonces?
¿Es la familia? ¿Es el estado? ¿Es la escuela?
En esa rueda eterna, que empujamos sin ninguna dirección, todavía no asumimos
que si bien, a no dudarlo, existen niveles de responsabilidad, los responsables
somos todos. Si no se hace algo hoy, para solucionar un problema propio o
ajeno, el problema crecerá hasta afectarnos a todos.
Así estamos. En medio del abandono. Camino al individualismo más estúpido
de todos. El que termina con el famoso “cuando vinieron por mí, ya no había
nadie a quién pedirle ayuda”.
Ariel Neuman
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP