Política 18-07-2008 - 567
Palabras
(AMIA)
JUSTICIA, JUSTICIA PERSEGUIRÁS
Lejos de ser un eslogan o una consigna marketinera, el título de esta columna remite a un versículo bíblico que fue retomado por familiares y amigos de las víctimas del atentado a la AMIA, perpetrado hace 14 años, impune hasta hoy, mañana y quién sabe cuánto tiempo más.
Ochenta y cinco muertos. Doscientos heridos.
Los números dicen una parte, pero no lo dicen todo. No hablan del dolor, ni de la angustia, ni de la lucha por esclarecer lo que debería estar ya esclarecido; ni refleja la carcajada de los responsables, ni su conversión en mártires o en millonarios. Pero tampoco hablan de una justicia lenta, probablemente ciega, sorda y muda, ante la masacre de seres humanos.
Que a 14 años no se haya llegado a los responsables de un crimen semejante,
ataca también a cualquiera de quienes, sin haber sido víctimas directas de él,
somos parte de una sociedad con instituciones que no cumplen con su cometido.
Jurídicamente existe un principio que indica que quien puede lo más, puede
lo menos. Si es así, si consideramos que poco y nada se ha avanzado en esta
causa –pues si bien los esfuerzos de algunos estuvieron orientados a que ello
suceda, los de varios otros tiraron las cuerdas en sentido contrario al punto
que, de hecho, no hay culpables tras las rejas–, qué le puede caber a la víctima
del delito común y corriente.
Si un caso importante, que llevaría a quien lo resolviera al estrellato o
al reconocimiento internacional, según lo que privilegie, duerme el sueño de
los justos por acción directa de los injustos, qué puede esperar aquél que
denuncia un robo, una golpiza o un abuso.
La cuestión no es trivial. La sociedad no es justa y nada hay que equilibre
esos desajustes, tan comunes en el día a día.
Si los árbitros no avanzan con sus deberes, los conflictos se resienten, se
acrecientan, se friccionan, se crispan y terminan por encender la mecha que
lleva a la explosión.
¿Cuánta paciencia podría tener usted, lector, o yo, por qué no, si nos
arrancaran la vida de un ser querido de un tirón, y nadie hiciera nada para
saber qué ha pasado, para encontrar a los responsables, para que paguen su
culpa? ¿Qué pasaría si, además, en lugar de no hacer nada, hicieran todo lo
posible por entorpecer el avance de la investigación? ¿Olvidaría? ¿Daría un
perdón gracioso sin siquiera saber a quién?
En la causa AMIA ha habido anuncios de todo tipo. Avances y retrocesos, manifestaciones
políticas y de deseos, manipulaciones, mentiras, engaños, ocultamientos,
ilusiones falsas, canalladas.
Extensa, inagotable, ocupa un expediente que se aloja de piso a techo a lo
largo de varias habitaciones. Es un expediente plagado de errores, lleno de
esquirlas procesales, embarrado. El fajo de hojas tiene de todo, pero le falta lo
más esencial.
Hay firmas de abogados encumbrados y de los otros, de testigos, jueces que
fueron y vinieron, nombres de políticos y ex funcionarios. Lo que no tiene es
ni una gota de justicia.
“Justicia, justicia perseguirás”, dice la Biblia. ¿Pero por cuánto tiempo?
Acaso, la justicia que llega después de tanto, tanto, pero tanto dolor y tiempo,
sigue siendo en realidad justicia.
Somos víctimas de todo esto. No como las 85 vidas robadas, claro, pero sí
como las víctimas que no están exentas de que con tanta impunidad, el terror
vuelva a atacar.
Ariel Neuman
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP