Política 25-07-2008 - 559 Palabras

(Alberto Fernández)

 

CON LA FRENTE MARCHITA

 

Probablemente haya sido uno de los funcionarios más cuestionados durante su vigencia en el kirchnerismo y, sin embargo, de buenas a primera, los títulos que acompañaron la renuncia del ahora ex Jefe de Gabinete olieron a cambio necesario, aires puros y a que hizo un bien por la gestión presidencial.

 

Casi como un héroe, Alberto Fernández se fue del gobierno, con reproche de la presidenta y con pompa por parte de los medios y la oposición, quienes le reconocieron el gesto y el reconocimiento de que su hora había pasado.

 

Mientras las dudas surcan a todos y cada uno de los integrantes del Gabinete nacional, no deja de ser curioso que una persona cuyas formas fueron cuestionadas durante tantos años, logre revertir su imagen en tan poco tiempo.

 

Es, con perdón del ejemplo a emplear, como aquellos casos en los que se muere un hijo de buen vecino y los obituarios y los comentarios de quienes lo conocieron hablan de lo bueno que era, de cómo se preocupaba por los que menos tenían, de sus valores y su alta moral.

 

Lo mal hecho queda en el olvido, se borra cuasi automáticamente para erigir al saliente (renunciado o muerto) en el sitial de los héroes.

 

Sin lugar a dudas, reconocer que como respaldo este Fernández le ha brindado uno grande y mullido primero al Kirchner hombre, luego a la Kirchner mujer, es necesario. Son pocos los que están tan dispuestos a dar su vida y jugarse el honor por sus superiores. Si no lo cree, fíjese en sus compañeros de trabajo e imagíneselos en esa situación.

 

Sin embargo, por más que la lealtad sea un alto valor, es indudable que con eso, sobre todo cuando se es cabeza de ministros, no alcanza ni para un diente.

 

Fernández participó de la mesa chica del kirchnerismo de la primera etapa y lo siguió haciendo durante toda la segunda. Era su función, pero se trató de una función elegida libremente.

 

Fernández fue parte del crecimiento de una nueva forma de hacer política, que habló primero de transversalidad para cooptar luego a adversarios y acallar a opositores. Se peleó, al igual que su ex jefe, con cuanto sector social se atrevió a hacerle frente.

 

Definitivamente, como perro guardián cumplió su rol. No obstante, la Constitución le asigna a quien carga con la responsabilidades que él tenía, el dirigir y coordinar, entre muchas otras cosas, las reuniones de gabinete; algo que jamás realizó.

 

¿Es Alberto Fernández un pro hombre por haberse retirado de la batalla, luego de que la batalla estuvo perdida? ¿Lo exime esta decisión de todas las anteriores que ha tomado? ¿Será éste el fin de su carrera política?

 

En relación a esta última cuestión, hay quienes ya ven un próximo destino para su desarrollo profesional, fundamentalmente ocupando el cargo de embajador en algún bonito lugar del mundo.

 

Por ahora, nada se confirma, pero no sería de extrañar a juzgar por el famoso que se vayan todos por la puerta y que vuelvan a entrar por la ventana. Siempre habrá una abierta.

 

Rápido olvidamos los argentinos. Pronto, seguramente, ni siquiera sabremos quién fue ese tal Alberto. Un Fernández, sí. Pero no cualquiera. Participó de todo lo bueno que hizo este gobierno y su predecesor. De todo lo bueno, pero también, de todo lo demás.

 

Ariel Neuman

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