Política 01-08-2008 - 550 Palabras

(Reacciones)

 

LA HORA DE LA VERDAD

 

Si un gobierno se mide por sus aciertos, mucho más se sopesa en función de la reacción que muestra ante sus errores.

 

Para ello, sin embargo, antes es necesario reconocer los yerros y alejarse de posturas rígidas del tipo “todos están equivocados menos yo”.

 

¿Es ese el caso de la retenciones móviles y el campo? Según quien responda, dirá una u otra cosa, pero no está allí el gran meollo de la cuestión.

 

El caso en sí, a esta altura, debería ser anecdótico y hasta podría ser considerado como una medición de fuerzas entre distintos grupos de poder (Gobierno y campo), pero como uno de los principales órganos de la República se manifestó en contra de una decisión del Ejecutivo, se convierte en una excelente situación como para ser aprovechada.

 

La señal que le dio el Congreso a la Presidenta no es solamente humo o producto de ideas antojadizas de una trasnochada. El vicepresidente de la Nación, quien reemplaza a la Presidenta cuando ella está de viaje o engripada, fue quien decidió por sus propias convicciones una de las situaciones políticas, sociales y económicas más complejas de los últimos años.

 

Pasaron varios días sin que se dirigieran la palabra y cuando ello ocurrió, la prensa reflejó una tirantez más que previsible, sobre todo pensando en el contexto y en las personalidades de las partes.

 

La grandeza, sin embargo, se mide en función de lo que se hace una vez advertido el error. Claramente, más allá de posiciones ideológicas, el proyecto impulsado desde el Ejecutivo no tenía consenso social. Eso es claro, haya votado Cobos a favor o en contra de la 125.

 

Debates acalorados, marchas hasta altas horas, cuatro meses de protesta no podían permitir siquiera imaginar que estaban dadas las condiciones para que la unanimidad que tanto quería el Gobierno Nacional existiera, ni siquiera en estado embrionario.

 

Dicho esto, el error, en realidad, está en no reconocer la cortedad de la medida, que dejó parado a un país durante un cuatrimestre.

 

Hoy ya están dadas las condiciones para revertir este tipo de dislate, asumiendo que fue una aventura sin mayores resultados positivos para quien la impulsó, sino más bien, todo lo contrario.

 

De hecho, reapareció un sistema de frenos y contrapesos que se creía olvidado pues, a no dudarlo, hace décadas que estaba desdibujado.

 

El acierto, entonces, que está en manos de la Presidenta explotar, es que tras estas medidas la institucionalidad argentina ha demostrado que bajo los siglos de achanchamiento que la han acompañado puede funcionar.

 

Su gran paso a los libros de historia y al reconocimiento de todos los argentinos estará dado cuando reafirme ese valor, fundamental para que una nación crezca. El respeto por las voces propias y ajenas es una deuda histórica en nuestro país.

 

De cómo se actúa cuando los errores se manifiestan, decía, depende la grandeza o la pequeñez de un gobernante y de un gobierno. Así las cosas, lo que hoy algunos viven como una gran derrota, no es otra cosa que la punta para comenzar a tirar y desatar los nudos que nos atan como madeja.

 

Ariel Neuman

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Agencia MP