Política 29-08-2008 - 594 Palabras

(Rumbo)

 

SICARIOS, CELOS Y PASTA BASE

 

La vida no vale nada y, paradójicamente, cada vez vale menos. Un par de zapatillas, unas monedas para reinvertir en paco, unos celos enfermizos, unos kilos de droga rebajada.

 

Huellas de narcos pertenecientes a grandes organizaciones multinacionales se superponen hoy con peleas de chicos subidas a Internet, con golpizas a maestros y con automovilistas que cada vez más rápido atropellan para huir.

 

Miramos sorprendidos y extasiados, empapados de una cuota de incredulidad, unas gotas de morbo y otro poco de horror.

 

Los intelectuales nos deleitan con discursos de mano dura y mano blanda, con gatillos fáciles y garantismos igualmente inconducentes. Son todas ideas parciales, enfoques parciales para una realidad tan compleja que nadie se le anima en todo su espesor, porque lo que hoy están viviendo las grandes ciudades de la Argentina se nos aparece como un fenómeno sociológico de difícil vuelta atrás.

 

Por lo pronto, no se soluciona con políticas policiales o de justicia, sino que a ellas deben adosárseles planes de educación, de contención, de salud, de valores, de cultura, de coherencia, de respeto, de economía y de política de corto, mediano y largo plazo.

 

La inacción que vemos hoy, en cambio, es la tradicional respuesta a este tipo de males. Llámese violencia urbana, droga, raterismo cruel, narcotráfico o zona liberada, decadencia moral o educativa, siempre contestamos igual: con indiferencia.

 

“¿Cómo está el país?”, me preguntó en estos días un amigo que vive afuera. “Esta semana se puso de moda mandar a matar ex parejas. La anterior, pintaba más el estilo narco mexicano-colombiano. La que viene, llamame y te cuento”, le dije.

 

La dirigencia política, económica, social, sindical, cultural, educativa y cualquier otra que se le pueda ocurrir, tiene por rol, justamente, dirigir. No están en esos lugares contra su voluntad, sino que se subieron a los pedestales a conciencia y con el deseo de marcar los rumbos para el desarrollo de una nación.

 

Sin embargo, la falta de rumbo hace que hoy esa dirigencia se la estén apropiando los amantes del caos y el descontrol, los que hacen que mi madre me diga que lo mejor que uno puede hacer en la vida es quedarse en casa, con la puerta bien cerrada.

 

Se desafía al poder del estado con cada asesinato sin esclarecer. Se pone en juego la estabilidad institucional cada vez que se comete un crimen para que quede impune.

 

Nosotros, como sociedad, nos vamos anestesiando. Hoy, pensar en el crimen de María Marta o de Norita nos parece hasta infantil cuando en el estacionamiento de un shopping acribillan a tres personas o cuando tres jóvenes aparecen masacrados en un descampado o cuando dos pibes, corriendo, le rajan un tiro a una maestra delante de su hijo.

 

¿Si quedan esperanzas? Siempre quedan.

 

Las condenas en Tucumán, para muchos, son parte de esta luz. Sin embargo, estos creyentes no debieran perder de vista que ese mismo al que se condenó fue elegido por los tucumanos para que los gobierne en democracia.

 

¿Si quedan esperanzas?, pregunto –entonces– nuevamente. Tal vez lo que nos quedan son rachas. Rachas en las que obramos con mayor cordura y racionalidad, rachas en las que nos volvemos unos completos idiotas.

 

Será cuestión de aprovechar las primeras, que a juzgar por cómo viene la historia, cada vez se nos presentan más comprimidas y nebulosas. O será cuestión de enfrentar situaciones de una vez por todas y empezar a trabajar para que la vida vuelva a valer lo que nunca debió dejar de haber valido.

 

Está en nosotros elegir.

 

Ariel Neuman

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Agencia MP