Política 10-10-2008 - 552
Palabras
(Crisis – Oportunidad)
ARGENTINOS, ES AHORA
La Argentina parece estar haciendo gala de que vivir de crisis en crisis es
beneficioso. A nosotros, que apenas nos estamos reponiendo de la de principios
de silgo, la debacle financiera internacional no debería hacernos mella toda
vez que como no tenemos créditos tomados, la cadena de pagos no tendría por
donde romperse.
El planteo, tan afecto al oficialismo por estos días,
no tiene ni pies ni cabeza. Es tanto como alegrarse de que como uno saca agua
de pozo, la baja en la presión del agua corriente no lo afecta, o que como usa
un sol de noche para iluminarse, los cortes de luz son problemas ajenos.
Directamente, la visión es acertada, pero a poco que se indague no se
sostiene en el tiempo.
Si la economía mundial se desacelera, si caen los precios de los
commodities, si el consumo internacional va a la baja, si las principales
economías entran en recesión, probablemente el comercio exterior argentino se
deteriore.
Una caída en las exportaciones, retenciones mediante, repercutirá
indefectiblemente en los niveles de recaudación impositiva que pueda lograr el
Fisco. Si cae la recaudación, el gasto público, a priori, debería caer en forma
proporcional.
Si eso llegara a pasar, los fondos para obras públicas mostrarían un
parate, y con ellos las propias obras públicas. Lo propio debería suceder con
la educación, los hospitales, la seguridad, los subsidios, los planes trabajar
o jefes o afines, la publicidad oficial.
La economía, guste o no, está globalizada. Y si bien es cierto que lo que
pasa en la Argentina no repercute mucho más allá de Uruguay, Chile o Paraguay,
los problemas de las economías centrales o desarrolladas se riegan como pólvora
por todo el planeta.
Dicho esto, también es cierto que si hay menos plata, cambia la forma de
hacer política. En épocas de crisis económicas, los poderes de mando se
debilitan.
En tiempos en los que la deuda respecto a la discusión seria de un sistema
lógico, racional, equitativo, justo y estratégico de coparticipación federal
está sobre la mesa, la falta de caja para comprar amigos y castigar a enemigos
puede funcionar como fusible para empezar a saldar debates históricos que la
Argentina nunca se ha dado.
Pensar que el caudillismo pueda caer en desagracia, que la política vuelva
a tener colores distintos al de los billetes, que las alianzas se mantengan en
el tiempo, que los partidos políticos defiendan lo que dicen sus estatutos que
motivaron su creación, sería casi una lluvia providencial, como agua para campo
seco.
Lo cierto es que bajando a la Tierra las probabilidades de que eso
efectivamente ocurra son de una en varios cientos de millones. Y es que con la
reacción oficial de ‘pechito argentino’, de ‘acá no pasa nada’, se da cuenta de
que no se están aprovechando –una vez más– las enormes posibilidades que nos
está dejando esta crisis, permitiéndonos exportar experiencia y, al menos,
empardar las debilidades del sistema financiero internacional con algunas de
las nuestras propias.
Son estos, tiempos para, por ejemplo, sanear el Indec, en un momento en
que, a priori, la inflación internacional debería comenzar a ceder.
Son tiempos, pero no parece que alguien esté pendiente de la hora. Discurso
y más discurso. Sofisma tras sofisma. Argentinos a las cosas. Argentinos: es
ahora.
Ariel Neuman
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Agencia MP