Política 31-10-2008 - 560
Palabras
(Crisis - Inseguridad)
NO VEO
Cuando las noticias policiales saltan a las páginas políticas, hay algo que
está indicando que el problema es ya una cuestión de fondo.
No se trata de hechos esporádicos de menor cuantía, sino del cúmulo de actos delictivos que generan una sensación de inseguridad, reflejo de una realidad igualmente insegura.
Se levantan, entonces, voces que hablan de reforzar el sistema normativo o
jurídico en su conjunto, mientras otros invitan a reflexionar sobre el contexto
en el que se generan los actos vandálicos que están arrasando con la paz
social.
Personalmente, tengo posición tomada, pero gusto de escuchar a todas las
voces. Escucho, sí. Pero no veo.
No veo una marcha
multitudinaria que salga a reclamar justicia por el asesinato del gendarme en
Fuerte Apache. No veo cadenas de e-mails que digan basta a los delitos que se
generan entre vecinos de barrios de bajos recursos. No veo ni un mensaje de
texto que me conmine a salir a las calles a pedir por la seguridad de todos
cuando los que caen son “los otros”.
El gendarme asesinado cobraba un básico de $ 800. No veo protesta por esa aberración. Si quien nos debe cuidar tiene una remuneración sólo comparable con la de quienes deben educarnos, ¿qué chances hay de conformar una sociedad sólida y articulada?
Tampoco veo trabajadores sociales acercándose a las decenas de cientos de
chicos que vagabundean por las calles pidiendo, limpiando, malabareando,
cirujeando o robando. No digo acercarse a todos. No lo veo con ninguno.
No veo acción de ningún tipo. Ni de la blanda, ni de la dura. Y mientras la
calamidad avanza a pasos agigantados.
Se hacen allanamientos reactivos. Se secuestran armas y, cada tanto, algún
laboratorio de producción de estupefacientes cae bajo las manos de las fuerzas
de seguridad. A las cabezas no se llega prácticamente nunca. Siempre son los
“perejiles” los que caen (en algunos casos, con ‘frondozo prontuario’),
mientras los señores de la buena vida, que proveen o alimentan el proceso con
armas, droga o más exclusión están libres de culpa y cargo.
No veo muy seguido prevención. No hay acciones educativas. Pocas –y
valiosísimas– son las apuestas a retener en la formalidad a quienes no tienen
un futuro con horizonte. Escuelas de artes, circenses o deportivas hay en los
barrios carenciados. Maravillosas, pero no alcanzan.
El Estado está ausente y ausentes estamos todos.
Emperrados en escuchar la música que sale de los auriculares o leyendo el
deportivo, ni siquiera levantamos la cabeza para darle una mirada a quien nos
viene a pedir.
No es cuestión de estadísticas. Es cuestión de seres humanos.
“¡Abrí los ojos!”, podrán decirme. “¡Se hace un montón!”.
No es suficiente.
Por lo pronto, aplaudo a las ONG, aplaudo a las iglesias que llevan
adelante titánicas tareas, pero del resto sólo escucho teorías.
Me cuentan cómo se hizo en Nueva York o cómo se está haciendo en Colombia.
Mucho conocimiento del que se consigue en la Wikipedia o volando en primera,
poca la acción verdadera para ponerlo en práctica.
Sofismas puros. Blabla absoluto. Palabras y aplausos. Palabras y abucheos.
Palabras y críticas. Palabras y olvido.
Hay que empezar a actuar en contra de la inseguridad, en contra del
deterioro educativo, en contra de la lentitud judicial. Soy hombre de palabras.
Vivo de ellas, pero sé que de todos depende el compromiso.
Ariel Neuman
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP