Política 05-11-2008 - 565 Palabras
(Obama)
¿PRESIDENTE DEL MUNDO?
Nunca antes una elección en los Estados Unidos generó tanta expectativa como la que dejó ganador, el martes por la noche, a Barak Obama.
Se habló de masiva afluencia a las urnas, del uso de vías novedosas de
recaudación, del uso de internet como herramienta de convocatoria, de
disconformidad con la gestión de Bush, del factor racial, de la debilidad de
McCain. Sin embargo, poco se escuchó sobre el seguimiento voraz que de estos
comicios se hizo desde todos los rincones del planeta.
Que en los bares de los barrios porteños las conversaciones fueran en torno a la inseguridad, a las AFJP y a la disputa entre demócratas y republicanos y que igual eje se repitiera en Camboya, India, Sudáfrica o Inglaterra (sin las AFJP, claro), no puede menos que reflejar una realidad que, no por incómoda, deja de serlo.
El martes Estados Unidos eligió a su presidente, pero también eligió poco
menos que al presidente de facto del mundo y al destino que tendrá la
humanidad. A esta altura, es redundante, pero no menos cierto, que las
políticas norteamericanas tienen a nivel global una influencia más que desequilibrante.
Desde la ciencia política y por vía de las teorías de las relaciones
internacionales, mucho se ha escrito de lo que es, en este sentido, poder duro
y poder blando.
El primero, como su nombre lo indica, es el que se ejerce por la fuerza más
básica: armas y guerras. En esa línea, durante el gobierno de Bush ha quedado
demostrado que con mayor o menor criterio geoestratégico, los Estados Unidos
siguen siendo una superpotencia en lo que hace a poderío militar.
El poder blando, en cambio, suele ser presentado como mucho más persuasivo,
delicado, sutil y efectivo. Es el que se destila a través de las series de
televisión, de los dibujos animados, de la música, de los avances tecnológicos,
de la cultura en términos generales, y que lejos de coaccionar, copota a
terceros sean países o individuos.
Este tipo de penetración cultural, similar a la que moros hicieron en el
sur de España a fines del siglo XV y que plasmaron a través de su arquitectura,
o que los misioneros jesuitas hicieron en el continente americano en forma de
espiritualidad, tiene como “beneficio” el convencimiento y la aceptación de
quien recibe estos insumos.
Que la BBC de Londres, la DW de Alemania, la TVE de España y tantísimos
otros canales de noticias de casi todos los países del mundo hayan seguido en
directo los resultados de los comicios cual si fueran los de sus respectivos
estados, habla a las claras de la profundidad del fenómeno.
La crisis financiera internacional, en paralelo, da cuenta de que el poder
blando y la globalidad se conjugan a la perfección. Tanto es así que esta
crisis, con origen en los Estados Unidos, en su denominación ya ha perdido su
bandera para convertirse en un problema de todos.
No es efecto Tango, ni Tequila, ni Vodka. Es internacional.
En este punto, la historia muestra como no una, sino varias veces se ha
salido de las crisis económicas con grandes demostraciones bélicas. Para
muchos, ese podía ser un escenario posible si los resultados de la noche del
martes hubieran sido otros.
Alejando esos fantasmas, el triunfo de Obama abrió nuevas esperanzas en
todo el globo. El festejo, por tanto, se ha vuelto casi trascendental.
Alcides Cepeda
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Agencia MP