Política 07-11-2008 - 551 Palabras

(País - Construcción)

 

CONSENSOS

 

¿Cuánto durará la estatización del sistema de jubilaciones y pensiones que obtuvo esta semana media sanción en la Cámara de Diputados? ¿Llegará este nuevo sistema, en caso de que el Senado lo apruebe, a prolongarse en el tiempo por un plazo razonable como para poder disfrutar de todas las bondades que se le adjudican?

 

Estas preguntas, lejos de intentar una toma de posición, apuntan a demostrar la falta de visión de país que tiene nuestra nación. Y es que las oscilaciones permanentes y de un lado a otro son fruto de la falta de diálogo que nos caracteriza como sociedad.

 

En términos generales, el que no piensa como uno lejos de contar con argumentos y razones no compartidas, suele ser considerado un reverendo estúpido, incapaz absoluto, oscurantista y retrógrado.

 

Difícilmente acercamos posiciones. Discutimos, como vimos, se hizo esta semana en Diputados, con palabras y actitudes viscerales más que racionales.

 

El problema es que el país no se termina con cada mandato presidencial. Cuando unos se van otros llegan, y cuando no hay diálogo ni presupuestos mínimos entre todos los que pueden llegar al poder, lo que se da es un vaivén continúo que llama a las náuseas y hasta al vómito.

 

¿Cuántas veces hemos oscilado entre una punta y otra del espectro ideológico sin solución de continuidad? ¿Cuántas veces nos sentimos solidarios para demostrar luego que el sálvese quien pueda está al acecho? ¿Cuántas veces votamos a gobiernos que se dicen progresistas para pedirles mano dura? ¿Cuántas veces criticamos la decadencia del sistema educativo y volvimos a votar a los mismos legisladores y gobernantes que se empeñan en destruir el nivel de escuelas y universidades?

 

El listado de sinsentidos podría continuar casi hasta el infinito. Obviamente, habrá quien diga que el ejemplo tiene que venir desde arriba y quienes, por el contrario, sostengan que al Estado lo vamos haciendo entre todos.

 

Si esto último es así, las imágenes de las discusiones de café que terminan a los tiros hacen una buena semblanza de la actitud argentina respecto de la alta política (si es que tal concepto le cabe a la que se practica en nuestro país), en la que sistemáticamente descubrimos que todo lo que hizo el gobernante anterior fue un desastre hasta que llega el siguiente para mejorarlo todo... hasta que asuma el subsiguiente.

 

La idea del salvador, que arrastramos tal vez desde la época de los libertadores, o del General Perón –bien podría discutirse–, no alcanza para construir un país para el mediano o el largo plazo.

 

Sobran modelos de Estados, por no decir que casi todos son modelos, con generación básica de consensos a partir de los cuales se comienza a construir.

 

Sin dudas, a lo largo de las historias de cada una de las naciones hay giros imprevistos y movimientos por carril izquierdo y derecho. Pero, al final del día, el camino trazado por unos sigue siendo el mismo que el seguido por otros.

 

Las elecciones de esta semana en los Estados Unidos, la reacción del candidato derrotado, la reacción del ganador, muestran que incluso en países mucho más complejos que el nuestro es posible lograrlo.

 

Por lo pronto, acá estamos muy lejos.

 

Mucho grito. Poca conversación.

 

Mucha acusación. Poco argumento.

 

Mucha toma de posición. Poca búsqueda de consensos.

 

Ariel Neuman

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Agencia MP