Política 28-11-2008 – 599
Palabras
(Carta a Cristina)
DE TUTANKAMÓN A LOS FONDOS NEGROS
¿Qué te pasa, Cristina? ¿Te parece que estás haciendo las cosas bien? ¿Que la gente te votó para actúes y gobiernes así?
Hace tiempo que no te escucho. Antes, me acuerdo, eras una senadora
aguerrida, de convicciones sólidas, guerrera, vehemente. Se decía de vos,
incluso, que eras el cerebro detrás del gobierno de Néstor.
Te miro y no puedo dejar de pensar en tus discursos durante el conflicto
con el campo. Sabés que no los compartía, pero tenían una retórica particular,
digna de ser analizada.
Desde entonces, me parece, ya no sos la misma. Primero lo sumaste a Sergio
Massa al gabinete y, la verdad, como chorlito, pensé que tal vez eso era un
signo de crecimiento y maduración en la forma de hacer política.
Hoy, los que más te quieren dicen que lo echaste a perder al pobre pibe.
Lousteau, te acordás, se fue por algo parecido.
Después empezaste a ocupar espacios en los medios provinciales y locales, con páginas supuestamente escritas por vos, donde contás qué estás haciendo para los vecinos de la localidad o de la región donde se publica el periódico. Es una forma original de comunicarse con la gente, pero en algunas cosas que te leí, parece que le querés serruchar el piso a los intendentes.
Tiraste la bomba de las AFJP. Te criticó el establishment, la ortodoxia,
pocos opositores y yo. No me importan tanto tus ideas de fondo –algunas de las
cuales comparto–, pero me preocupa la falta de generación de consensos que
encierra tu plan político (y que encerró el de Néstor), porque después de vos
no es que viene el diluvio, sino otro gobierno que a nosotros, ciudadanos, nos
volverá a cambiar las cosas.
Te critican por las carteras, los vestuarios, las joyas. De eso, la verdad,
mucho no entiendo; soy hombre. Si te sirve de consuelo, mi mamá también
cuestiona cómo me visto yo, pero sobre gustos...
La verdad, De la Rúa invertía en camperas y, dicen, en senadores; Menem en
estrellas y farándula y joda y autos. ¡Qué se yo! La verdad, si viviéramos en
Canadá tal vez me enojaría más. En la Argentina, me parece un bleuf
criticar a alguien tan importante como vos, primera presidenta electa, por
semejante bobería.
Pero durante tu último viaje patinaste y dijiste que querías traer a la
Argentina a... ¿Tutankamón? Mientras, acá, Néstor desautorizaba al
vicepresidente –que te gustará ahora o no, pero es al que votó la gente como tu
acompañante– y, más grave, te desautorizó a vos, al decir que el lo había
digitado como compañero de fórmula.
Volviste y tiraste otro bombazo: medidas para enfrentar una crisis que,
hasta hace unas semanas, como si fuese el índice de inflación, negabas como
quien tapa con la mano el sol.
Hablaste de repatriación de capitales, de moratorias, de blanqueo de
trabajadores. Le diste, en otras palabras, la posibilidad a los infractores de
ponerse en regla y perdonar sus pecadillos. Porque, descarto, te conozco y sos
muy inteligente, no estarás pensando que esta es un paquete que sirva para
recuperar la confianza de los hombres rectos en el país.
Estoy confundido. No termino de entender cuál es tu objetivo o si es que,
acaso, como dicen por ahí, te están manejando desde la presidencia del Partido.
Lo que veo es que ya no sos la misma. Tus decisiones son de doble vía y me
parece que con ellas se desdibujan los rumbos.
Pensalo. Tranquila. Sin dudas vos tenés más información de la que pueda
tener yo, pero creo que no hablo sólo por mí, aunque sea sólo yo quien firma.
Ariel Neuman
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Agencia MP