Política 05-12-2008 - 596
Palabras
(Corrupción social)
TODO FUNCIONA MAL
Cuando ya no es la típica burocracia estatal, las empresas de bandera o los empleados públicos los únicos que trabajan mal, el síntoma de desintegración social pasa a ser preocupante.
Ejemplos hay a raudales. Sólo me limitaré a los que experimenté en carne propia durante esta sola semana.
El sábado llovió fuerte en Buenos Aires. Por el caño del calefón se coló agua y se inundó mi departamento. Llamé al gasista que hizo las obras una semana atrás, vino el domingo y dijo que volvería el lunes a impermeabilizar la cañería, o algo así. Poco importa.
El lunes lo llamé porque no vino. Lo pasó para el martes. El martes para el miércoles, y así hasta llegar al viernes de paro de nafteros, con lo cual prefería no andar mucho con el auto y lo pateó para otro día, sin mayor definición.
El lunes me llegó una nota del banco –privado, uno de los más grandes del mundo– anunciando el aumento del seguro del auto y, consecuentemente, de la cuota total que estoy pagando por él. Sin embargo, en mi liquidación aparece claramente que estoy pagando hoy más que lo que ellos afirman que empezaré a pagar. Las matemáticas no cierran, definitivamente.
Hice cinco llamados al 0810 del banco y de la aseguradora, alternativamente, peloteado de una punta a la otra. En cada una de las conversaciones me dijeron cosas diferentes.
Ayer fui a presentar un pedido formal. Una de las empleadas del banco no me lo quiso recibir, tratándome con una violencia verbal tal que motivó el acercamiento del gerente de la sucursal. Al final, otra empleada la tomó y se disculpó en nombre de su compañera.
¿Sigo? Mi mujer me compró una filmadora Sony en Garbarino. Le dijeron que con ella podría editar imágenes en la computadora fácilmente. Lo que no le avisaron era que para ello tenía que comprar un cable especial, una plaqueta especial, usar un software especial y tener computadora de escritorio, no una notebook, para poder instalarle todos los chiches de los cuales no informan. Tres quejas y ninguna respuesta, ergo: Defensa del Consumidor.
Cola interminable, proceso largo para dar una solución a un problema que, claramente, no debería haber existido.
Broche de la semana: mi vecino maneja desde su departamento la llave de agua del mío... y se le dio por cerrarla; como consecuencia hoy sólo corre un hilo por mis cañerías.
Podría, claro está, sumar la violencia urbana, el creciente endrogamiento de nuestra sociedad, echarle culpas al gobierno, a Cristina, a las instituciones, a cómo manejamos y al trato que nos dispendiamos unos a otros.
Ha sido una semana complicada, con lo cual podría descargarme contra cualquiera que se me cruce por la cara, como para estar a tono con el resto de la sociedad.
Creo, no obstante, que eso no sería correcto. Que las culpas las tenemos compartidas. Que somos iguales que aquellos que nos dirigen. Que el sector privado argentino tiene tantas cosas buenas como malas hay en el sector público y que, vale la aclaración, aun si fueran menos, la sensación que dan es que las malas van ganando. Y otro tanto pasa con los ciudadanos de a pie, esos que sacan ventaja al más mínimo descuido.
El problema, digo, no es político. El problema es
social. Nuestra sociedad está corrupta.
Las embarazadas viajan de a pie, los chicos se fuman delante nuestro, los garcas están por todos lados y nosotros, lejos de ponerles freno, terminamos por sumarnos para reproducir el círculo de la destrucción.
Una lástima.
Ariel Neuman
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Agencia MP