Política 26-12-2008 - 597
Palabras
(Gobierno – Oposición –
Sociedad)
EN UN RINCÓN EL DEBER SER, EN EL OTRO LA REALIDAD
¿Pensamos que nuestras instituciones, nuestros partidos políticos, nuestro
sistema democrático funcionan como es debido? Porque, si no es así, ¿de qué
seguimos sorprendiéndonos?
¿Por qué tanta alharaca cuando el presidente del Partido Justicialista carga contra el Vicepresidente de la Nación, toma el mando cuando su mujer no está ejerciendo la Presidencia y, a veces, aun cuando lo está?
¿Por qué hablamos de doble comando, de poder de facto, de ejercicio ilegal
de la Presidencia?
¡Ah, claro! Es que nadie votó a Néstor Kirchner para que gobierne. Es que
Kirchner ni siquiera se presentó a los comicios. Es que la que debe ejercer
constitucionalmente el poder es Cristina. Es que cuando ella no está el que la
reemplaza es Julio Cleto, elegido en la fórmula junto con ella.
Vivimos en un país confundido que tiene absolutamente disociado el deber ser del ser. La ley dice una cosa, nosotros hacemos lo contrario. La ley manda sancionar al infractor, los jueces no sancionan. La ley dice quien gobierna, y el gobernante o bien se excede en sus atribuciones o se queda corto en su ejercicio.
Oficialismo y oposición juegan a un juego cuyas reglas no van más allá de
ponerse trabas los unos a los otros para restarle poder al contrario. Y así
como ocurre en las carreras de chicos, en las que los competidores se van
empujando, en la política argentina este fenómeno no hace más que lentificar el
avance del país, un país que tropieza, se cae, se levanta y se vuelve a caer.
La confluencia entre teoría y práctica debería buscarse con urgencia, para
empezar a ponerle fin a este péndulo al que nos someten nuestros dirigentes,
que mudan su discurso en 180 grados cuando pasan del gobierno a la oposición y
viceversa.
Hay quienes dicen que es un mal peronista, movimiento incapaz de oficiar de
oposición responsable y capaz de reconvertirse en cualquier cosa. Hay quienes,
por el contrario, retrucan con que el radicalismo es incapaz de ser gobierno
responsable y terminar un mandato sin tener un escándalo en su haber.
Todos, además, coinciden en la volatilidad que han tenido las alianzas y
nuevos partidos y corrientes que llegaron a juntar unos cuantos millones de
votos que luego se esfumaron en el aire.
En unos y otros casos, los 25 años de democracia reciente lo prueban.
¿De qué sirve este pase de facturas? La verdad, de nada. Pero también ésta
es una típica demostración de argentinidad: echarle la culpa a otro.
Es la falta de consensos básicos, de rumbos definidos, de discusión y
debate genuino lo que hacen que en un país como el nuestro se escandalice una
mínima parte de la sociedad ante un ex presidente que desautoriza a la titular
del Ejecutivo, y que sean muchos menos los que levantan la voz por temor a las
represalias.
Y aún así, estamos equivocando el punto si creemos que el problema es sólo
de personas o de personalidades. La sociedad, como un todo, tiene su enorme cuota
de responsabilidad.
Nosotros mismos cambiamos las reglas del juego mientras lo estamos jugando.
Le ‘robamos’ una torre al rival cuando se da vuelta. Sobreactuamos una patada
para que cobren penal y dejen al otro equipo con un jugador menos. Chocamos, nunca
por culpa nuestra.
Cada pueblo tiene el gobierno que se merece. También, la oposición que sabe
construir. Pero, fundamentalmente, hace a la sociedad a su imagen y semejanza,
con el enorme poder de modificarla cuando se convence de que es necesario
hacerlo.
Ariel Neuman
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP