Política 30-02-2009 - 583 Palabras

(Droga – Políticas)

 

INUNDADOS DE DROGA

 

Lo que sea que se esté haciendo no es suficiente. Ni campañas de prevención, ni decomisos, ni acciones preventivas, ni estudios de inteligencia, ni declaraciones públicas. La droga ya está metida y está abriendo como nunca las venas de la Argentina.

 

El año que ya comienza a verse a lo lejos tuvo en su haber una serie de hechos vinculados con el narcotráfico que bajo ningún concepto deberían ser desatendidos por las autoridades.

 

Hubo matanzas a plena luz del día a manos de sicarios; descubrimiento de operaciones de reputados carteles internacionales; actividades de la mafia siciliana; crecimiento en el consumo de cocaína y de sus restos –o basura–, el paco; redes de producción y exportación de efedrina para generación de otras drogas; vínculos entre empresarios farmacéuticos, el mercado negro de medicamentos y el tráfico ilegal.

 

En las grandes ciudades de nuestro país se desmantelaron más de dos decenas de laboratorios de cocaína y otras sustancias, y el Sedronar, la agencia nacional competente en la materia, dice que podrían ser unos 250 los que están en pie.

 

Naciones Unidas dice que el nuestro es el principal país de América Latina en lo que refiere al consumo per capita de cocaína. Más que Colombia, más que Brasil, más que todos.

 

Hace años que se sabe que la droga es un problema. Antes era de paso. Luego fue de consumo. Ahora también es de producción.

 

En el camino van quedando diezmadas decenas de generaciones y, para peor, la sociedad se lo toma a chiste.

 

En las zonas ‘privilegiadas’ los chicos dejan la extensión de la tarjeta de crédito de sus padres en las barras de los boliches caros para que le carguen la cuenta de lo que vayan tomando a lo largo de la noche. Son travesuras, decimos.

 

Los pobres, en tanto, juntan restos que van quedando de otros vasos, consumen pasta base y se vuelven feroces delincuentes.

 

La policía suele aparecer sospechada, sobre todo cuando de los cargamentos decomisados primero se anuncia un secuestro de equis, luego de equis menos el 10% y se termina incinerando, justamente, sólo el 10%.

 

¿Cuánto tiempo tardarán los narcos en comenzar a disputar el poder estatal? ¿Cuánto falta para que lleguen las maras a la Argentina?

 

Las altas autoridades dicen que no hay movimientos narcos en nuestro país. ¿Ceguera? ¿Obstinación? ¿Negación? ¿Vendrá luego el llanto, la desesperación, la resaca?

 

La droga nos está inundando y nos está secando cerebros al mismo tiempo.

 

Hace falta control y políticas sustentables que reconozcan la existencia del problema, que comprendan que los chicos que matan para conseguir paco y los que endeudan la cuenta de sus padres para llevarse una gota más de alcohol a sus sangres están poniéndose en crisis y cuestionando a una sociedad que cruje.

 

Es necesario, además, controlar los cielos, las aduanas, las fronteras y las decenas y decenas de pistas de aterrizaje clandestino que hay en la Argentina. Más del 90% del espacio aéreo albiceleste está sin radarizar. Es grande, sí, pero no más que el de Brasil, que con una superficie mayor tiene todo su cielo radarizado.

 

Y más allá de políticas y tecnologías hace falta diálogo. En la política, pero fundamentalmente en la escuela y en la familia. Los padres amigos deben volver a ser padres guías.

 

El camino de ida ya ha sido encarado por muchos de nuestros jóvenes. Es hora de que alguien los vaya, los busque y los traiga de vuelta.

 

Ariel Neuman

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Agencia MP