Política 13-02-2009 - 551 Palabras
(Alianzas)
EL PODER ENTRE TRES
Con la alianza sellada entre Solá, De Narváez y Macri; con el acercamiento entre los seguidores de Carrió, los radicales y Cobos; con la junta de oficialistas fieles, se va conformando el esquema de fuerzas que pelearán en octubre en las elecciones legislativas.
Si bien hay quienes ya afirman que esto podría ser el surgimiento de un nuevo esquema de partidos, con un peronismo de derecha, uno de izquierda y una fuerza de centro izquierda progresista, es claro que la oportunidad hace al político, al menos si se trata de un espécimen argentino.
Parece que fue hace siglos, pero apenas cerrando el pasado, una Alianza
llegó al poder para mostrar lo peor que ha dado la gestación de acuerdos
inspirados, únicamente, en alcanzarlo y manipularlo.
En el ahora, alcanza con recordar el derrotero de Solá y la sombra de
Duhalde que aparece tras el grupo más conservador, o con mirar los magros
resultados que su par en la Ciudad Autónoma viene demostrando luego de hacer
campañas con bombos y platillos sobre las mejoras que un hombre proveniente del
sector privado iba a generar para beneficio de todos.
En el ala de la Coalición Cívica, la idea de sumar al hoy vicepresidente
es, al menos, llamativa. El radical al que echaron del partido de Alem es
tironeado ahora por su buena imagen, mientras sigue en funciones –y lo bien que
hace, pues para eso se lo voto junto a la presidenta– en un gobierno al que se
opone.
En el oficialismo, la cosa es aún peor. Las fotos en España muestran a un
Hugo Moyano con aspiraciones políticas que, en algún momento algún gobierno
justicialista estará dispuesto a satisfacer por la razón o por la fuerza.
D’Elía, el piquetero devenido funcionario y ahora ex funcionario aunque con
apariciones públicas para el lamento y actuaciones apañadas por la oficialidad,
esta también jugándola de figurón que intentará, en el marco del oficialismo, escalar
posiciones.
Por fuera quedan, como siempre, las agrupaciones de izquierda desorientadas
y conflictuadas entre sí, enfrascadas en discusiones bizantinas sobre líneas de
pensamiento que las convocan. Sean leninistas, troskistas o marxistas, parecen haber
olvidado que el común denominador de su lucha es la equiparación de las
condiciones de vida para la oprimida clase trabajadora. En fin...
Así las cosas y más allá de fuerzas provinciales que sumaran sus hombres –y
mujeres– electos a una u otra fuerza, la borocotización de la política no es
invento del hombre que le puso su nombre a la figura, sino que encuentra
lejanos antecedentes en toda la historia política.
Pensar que una alianza entre peronistas de derecha, de izquierda, progresistas, radicales, izquierdistas, derechistas y otros istas pueda perdurar en el tiempo, es ser demasiado generosos con los hombres y mujeres que las conforman.
Y es que primero se firman acuerdos y luego, recién, se discuten intereses,
posiciones y puestos. Se pone la carreta delante del caballo y al caballo se lo
deja atado y con una herradura menos.
Los consensos básicos los deben generar todos los partidos si lo que se
quiere es tener un país en serio. Si, en cambio, sólo se busca llegar al poder,
es cuestión de juntarse siempre con el caballo ganador, a riesgo de terminar metido
en un sándwich de mortadela.
Ariel Neuman
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Agencia MP