Política 06-03-2009 - 550 Palabras

(Panorama)

 

¡QUÉ PAÍS RARO!

 

¡Qué país raro el nuestro! Mientras el mundo se viene abajo, mientras la preocupación gana terreno en todos los mercados, los de las plazas y los otros, nosotros nos enfrascamos en escupir(nos) hacia arriba.

 

El conflicto Gobierno campo parece destrabarse. ¿Por cuánto tiempo? Nadie se anima a decirlo en voz alta. Los gobiernos consideran que no les pueden o deben pagar más a los maestros. Los maestros hacen paro y los chicos pierden días de clase. Uno, dos, meses enteros. Las protestas en las ciudades se hacen perjudicando al resto: cortes de calle, cierre de puentes, suspensión de servicios. La seguridad se reclama por barrio; la transparencia, por distrito. El Ejecutivo acusa a la Justicia de demorar juicios vitales. La justicia responde que necesita más recursos y más jueces. El Ejecutivo insiste. Las soluciones no llegan.

 

¿Qué deberíamos estar haciendo? Aprovechando que el maremoto mundial todavía no ha llegado con fuerza a la Argentina, prepararnos para quedar en medio de la tormenta de la mejor manera posible y generar las condiciones necesarias para hacer de la nuestra una economía –y una sociedad, ya que estamos– que brinde oportunidades de ser, en un marco de equidad.

 

Por primera vez en mucho tiempo, todo el mundo está con el corazón en la boca y nosotros no hacemos más que poner otro canal y desaprovechar hasta, si se quiere, nuestra experiencia para superar las crisis.

 

Porque, a no dudarlo, más de uno podría estar hoy haciéndose de unos cuantos billetes explicándole a los ciudadanos del mundo cómo mantener la calma en medio del cataclismo.

 

Pero no. Lo que hacemos es discutir cómo forman las listas en las elecciones de octubre. Volvemos a ver cómo funcionarios elegidos para ocupar un puesto piden licencia (en el mejor de los casos), nos dejan con nuestra elección en stand by y se lanzan a conquistar los favores electorales una vez más.

 

Lo que hacemos es ver peleas sindicales que se olvidan de los trabajadores; declamaciones de gobernantes que ya no saben quienes los votaron; miedo de empresarios que ni siquiera recuerdan que producen.

 

Vivimos en un país plagado de mezquindades, de intereses individuales y sectoriales que nos impiden sentarnos a la mesa en un momento histórico como el que está atravesando el mundo hoy, para desarrollar una estrategia de muy largo plazo que nos devuelva no el orgullo, aunque sea la esperanza de ser argentinos.

 

En cambio, nos regodeamos en el morbo de saber que la venta de drogas está creciendo, que el narcotráfico aumenta, que los sicarios están en nuestras calles.

 

Nos deleitamos con noticieros que lo único que muestran es que el país se cae bajo las balas de la delincuencia y que la delincuencia está en todos lados.

 

Nos falta visión. Nos falta oportunidad. Nos falta madurez. Nos falta vocación. Faltas de todo tipo son las que tenemos que superar de una vez.

 

El cambio depende de todos. Los puntos cardinales están insistiendo con que debemos encarar una mejora para nuestro país, para nosotros, nuestros hijos y nietos. La iniciativa tiene que venir de arriba, de abajo, de derecha, de izquierda. Eso sí: deberíamos estar un poquito de acuerdo, para no volver a arruinarlo todo... una vez más.

 

Ariel Neuman

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Agencia MP