Política 20-03-2009 - 551 Palabras

(Inseguridad – Política)

 

HAY MIEDOS Y MIEDOS

 

El miedo no es sonso. Nos atrapa en los momentos menos apropiados, nos paraliza, nos trastorna, nos hace trastabillar.

 

El miedo no avisa cuando va a venir. Llega. Maleducadamente. Sin siquiera golpear.

 

Miedo es el que tiene la mayoría de los argentinos al momento de salir a la calle. Por eso la marcha a la Plaza de Mayo y a otros espacios públicos de todo el país, para reclamar seguridad o, en otras palabras, menos miedo.

 

Miedo es, a su vez, el que está demostrando el gobierno. Por eso tapa la verdad de los índices y estadísticas, acalla a los medios de comunicación, se rodea de prepotencia y dedo acusador.

 

¿De qué tienen miedo si son ellos los que tienen el poder?

 

Justamente, el miedo es a ellos mismos.

 

En la Argentina no hay una oposición fuerte como para tenerle verdaderamente miedo. Los políticos de alto rango se manejan con custodias, con lo cual no tienen mucho de qué temer. La delincuencia que nos azota a nosotros, simples civiles, no les llega a ellos y no amenaza directamente con desestabilizar su gestión.

 

El miedo, entonces, es a fracasar solos, sin ayuda de nadie. Sin contrincantes, sin enemigos y, lo que es tal vez peor, sin amigos que sirvan de soporte. Porque los que dicen ‘si señora, si señor’, mal pueden llamarse amigos cuando dejan que se camine directo al precipicio.

 

El miedo político no es sonso. Ese sí avisa cuando está llegando, pero sólo a quienes están dispuestos a escuchar.

 

Es el miedo que no quiso oír Menem durante su segundo mandato. Es el que desatendió De la Rúa, durante su fugaz paso por la Presidencia. Ese mismo miedo es el que puede transformar la historia, por acción o por omisión, haciendo directamente o marcando la senda para que sean otros los que hagan.

 

Tenemos miedo de salir a la calle. Tenemos miedo de encontrarnos en un café con amigos. Tenemos miedo de ir a la plaza con nuestros hijos. Miedo a sacar plata de un banco. Miedo a caminar y a disfrutar del espacio público. Miedo al otro. Miedo de vivir en sociedad.

 

Tienen miedo, en cambio, a perder el poder conseguido. A perpetuarse en los bronces o mármoles que, creen, la ciudadanía les debe por su hidalguía y entrega. Tienen miedo de que los agarren las encuestas de opinión y que los hagan añicos.

 

En la balanza, un miedo pesa más que el otro. Cualquiera puede verlo.

 

De un lado está la vida, la necesidad, el instinto, el deseo de conservación.

 

Del otro está el egoísmo disfrazado de entrega a la cosa pública y al bienestar general. Miedo a perder espacios cuando se están perdiendo vidas.

 

El miedo no es sonso. Los sonsos son los que tienen miedo y no hacen nada por cambiarlo.

 

La marcha que reunió a unas 12.000 personas frente a la Casa de Gobierno fue una demostración de inteligencia frente a la parálisis que solemos tener como comunidad. El silencio frente a las críticas bien podría leerse como un paso en consecuencia dado por el oficialismo.

 

Ojalá sea eso. Porque si además de ciegos, también se han quedado sordos, no habrá mono sabio que alcance para no dejarnos boquiabiertos y sin habla ante lo que vendrá.

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP