Política 27-03-2009 - 598 Palabras

(Elecciones – Adelantamiento)

 

TAPEMOS LOS PROBLEMAS, ADELANTEMOS LAS ELECCIONES

 

Diga si la gente en la calle no está más contenta. No ve caras más tranquilas, más relajadas, como que todo pasó ahora que las elecciones se adelantaron cuatro meses. ¿No siente usted mismo que la crisis no nos va a pegar? ¿No percibe que se puede quedar tranquilo porque, en caso de que se nos anime, tendremos a nuestros legisladores bien sentados en sus bancas y a nuestros gobernantes haciendo aquello para lo que los hemos votado?

 

Pues, si es así, yo debo estar muy confundido. La verdad, no termino de entender cómo los argumentos para el adelantamiento de las elecciones se vinculan con el adelantamiento propiamente dicho.

 

Cinco años estudié Ciencia Política. Cinco años estudié Abogacía. Llevo seis años haciendo análisis político y, la verdad, verdad, es ésta una de las más grandes disonancias que recuerde.

 

Repasemos: la idea es que frente al tema de la crisis internacional se necesitan tener las antenas bien puestas, y si las elecciones legislativas –algo que hasta hace no mucho, poco nos desvelaba– se hacían en la fecha prevista, iban a estar gobernantes y gobernados sobre ascuas mucho tiempo, hasta que la tensión electoral acabara.

 

Gracias a Dios la Argentina no conoce de guerras desde el mandato del borracho. ¡Eso es tensión! ¿Se imagina? Mientras dure el conflicto armado, nada de elecciones.

 

En segundo lugar, dicen los especialistas, la crisis se prolongará, al menos, por un par de meses, pero sus efectos durarán unos cuántos años. Considerando que se dice que un K, Carrió, Binner, Reutemann, Rodríguez Saá y Macri pueden llegar a ser candidatos al Ejecutivo, ¿corresponde unificar al 28 de junio de 2009 las elecciones legislativas de este año con las presidenciales de 2011, 2017 y 2021?

 

El desgaste invocado no desaparece con el simple adelantamiento. Una vez elegidos los nuevos legisladores, los salientes, ¿qué van a hacer? Sí, claro: sentarse y ver cómo pasan las horas, dejar todo acomodado para cuando abandonen su despacho, tener más tiempo para hacer las valijas.

 

Por cierto, por si alguien no se dio cuenta, en nuestro país sentarse para un legislador no implica necesariamente hacerlo en su banca en el Congreso, los acomodos no son sinónimo de orden y las valijas... bueno, las valijas es tema de la Justicia así que, que ella diga.

 

Desde otro ángulo, los funcionarios en actividad que sean elegidos para ocupar lugares en el Parlamento, ¿seguirán desempeñando con celo y dedicación la función ejecutiva para la que fueron designados –suponiendo, claro, que antes lo vinieran haciendo–?

 

El adelantamiento es, sin ningún tipo de dudas, una maniobra que intenta minimizar la caída de la imagen oficialista, complicar el armado de listas en la oposición y preanuncia, además, una serie de medidas impopulares que el gobierno deberá tomar a partir de julio, pasados los comicios.

 

Eso de la tensión preelectoral y la necesidad de tener las antenas bien paradas se soluciona con otro tipo de medidas: que los funcionarios no puedan candidatearse ni designar sucesores ni pedir licencias, sino hasta que cumplan con su mandato, por ejemplo.

 

Claro: eso no va a pasar. Más fácil es contar votos potenciales en un Parlamento con mayoría y dibujar un problema allí donde no lo hay, para desviar la atención de la gente.

 

De todas formas, la gente no está más contenta. Votar sigue siendo una ‘fiesta democrática’, como les gusta llamarla a los candidatos en todas las elecciones, pero también sigue siendo una fiesta en la que todos estamos obligados a participar para que se diviertan unos pocos.

 

Ariel Neuman

redaccion@agenciamp.com.ar

Agencia MP