Política 17-04-2009 - 559 Palabras

(Elecciones)

 

LAS ELECCIONES SON UN MOMENTO

 

El adelantamiento de las elecciones aprobado por el Congreso Nacional a instancias del Ejecutivo generó serios problemas prácticos en la justicia electoral, que corre ahora contra reloj para cerrar los padrones con más de 26 millones de ciudadanos en condiciones de sufragar.

 

Sucede que de ese universo, al menos tres millones tienen datos faltos de actualización. El fenómeno se repite en todo el país y los podría dejar fuera del democrático acto de elegir a quien nos representa, colabora con el país o lo hunde un poco más.

 

Sólo en la provincia de Buenos Aires hay dos millones de electores con irregularidades. Para colmo, ése no es el único problema. Las 52.000 urnas que tiene la provincia se guardan en un galpón que tiene goteras, chapas voladas en el techo y agujereadas otras por sucesivos granizos. Viven, casi, como buena parte de los bonaerenses.

 

¡Qué barbaridad!, dirá usted, ciudadano lector. Pero esto es algo que repite nuestra democracia cada dos años.

 

Hasta principios de la década del 90 el problema era preocupante, pero comprensible en el contexto tecnológico.

 

Hoy es inaceptable.

 

En cada elección se habla de los millones que demandará la puesta a punto, la impresión y recuento de boletas, el transporte, los fiscales, las autoridades de mesa, los votos mal emitidos y un montón de cuestiones muy dignas de la edad de las carretas.

 

Curiosamente, quienes esto discuten y le buscan ‘soluciones’ son los mismos que operan con sus cuentas bancarias vía Internet, compran pasajes de avión on line y hasta hacen los mandados en un supermercado punto com.

 

¿Cuántas veces más habrá de reiterarse este dilema de urnas maltrechas, padrones desactualizados y boletas faltantes antes de que se implemente el voto electrónico, como existe en muchísimos países no necesariamente más avanzados, desarrollados o conectados que el nuestro?

 

La respuesta: el e-voto no llegará hasta que se modifique la cultura política argentina que precisa del puntero político para conseguir (o forzar votos), del pequeño descuido que permite recontar algún que otro sufragio más de una vez, del olvido de una urna y sus sobres en algún paraje perdido, de la falta de boletas para perjudicar a un candidato.

 

Nada de eso podría ocurrir con un sistema electrónico que cuente con los debidos recaudos de seguridad, protección y veedores imparciales que sigan el proceso eleccionario.

 

Los boca de urna, prohibidos pero vigentes, perderían su razón de ser. El resultado se tendría, para deleite de los canales de noticias, al instante.

 

El problema, entonces, no es ni de padrones ni de cajas para almacenar sobres que almacenan boletas o fetas de salame (algo que una computadora rechazaría, por cierto), sino por la voluntad de empezar a pensar la política como una forma de mejorar las condiciones de vida en el país, no para quienes ganan, sino para todos.

 

Las elecciones son el momento en que la democracia cristaliza con mayor fuerza, pero no lo son todo. Son, justamente, un momento. Poner tanta energía en ellas, en los resultados, en las peleas por espacios de control, es una muestra clara de en dónde están los intereses de nuestros gobernantes.

 

Los comicios bien podrían ser actos muchísimo más sencillos, al menos en su organización, con el ahorro de un tiempo y un dinero que podrían destinarse a gestionar cuestiones de fondo.

 

Ariel Neuman

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Agencia MP