Política 08-05-2009 - 570
Palabras
(Elecciones)
MÁS DE LO MISMO
¿Son necesarias nuevas elecciones para redescubrir que la clase política
argentina sigue estando igual de lejos de la institucionalidad, del compromiso
con sus votantes y carentes de ideas como es ya costumbre? ¿Necesitamos asombrarnos
cada dos años para volver a caer en el mismo error de darles nuestra confianza por
cuatro más, para que luego, a mitad de camino, la quebranten?
Los programas legislativos están ausentes en la actual campaña. Poco y nada
se habla sobre qué harán los candidatos elegidos una vez que ocupen sus bancas.
Y es que, en realidad, muchos de los que hoy se postulan ni siquiera planean
asumir en el Congreso a fin de año, y quienes asuman no estarán exentos de
faltazos y hasta anuncios, de acá al 2011, de renuncias para dedicarse a una
nueva campaña electoral.
Es, al fin de cuentas, lo que decidió hacer la vicejefa del gobierno
porteño, una mujer bien hablada, educada, que supo cautivar más que su superior
al electorado de la Reina del Plata y que ahora renunció a su cargo para
lanzarse a la carrera política. Es lo que hace Scioli en la provincia de Buenos
Aires y los ministros en casi todos los distritos del país.
Los piqueteros de D’Elía, los “trabajadores” de Moyano, los seguidores de
los actores y actrices... todos piden pista para resolver los problemas de la
Argentina.
Improvisados. De esos está llena nuestra dirigencia. De políticos viejos y nuevos. De gente que opina, que tiene ideas –algunas, incluso, buenas–, pero que carece de las cualidades para implementarlas, impulsarlas, negociarlas y defenderlas.
Para colmo, la alta política lanza amenazas apocalípticas en torno a los
futuros resultados en una compulsa que, hasta hace no mucho tiempo, no tenía ni
la más mínima relevancia para definir la suerte de una política de gobierno en
un sistema institucional-legal en el que el Presidente tiene el poder
suficiente para hacer lo que le plazca.
Cercano está el paso de Kirchner por la presidencia, cuando alcanzaba con
decretos de necesidad y urgencia para gobernar.
Las propias elecciones, con su adelantamiento y los argumentos increíbles
para hacerlo, se están convirtiendo en una enorme cortina de humo alimentada
por una pandemia que no llega mientras la gripe común, la que nos agarra en
cada uno de los inviernos, mata a 10 personas por día.
Cerramos los vuelos directos y nos olvidamos de que adentro un mosquito nos
está despedazando a picotazos. Votaremos caras más o menos conocidas que no
tienen ni la más mínima idea para que el país salga adelante. Somos
consecuentes con nuestros actos. De eso, no hay dudas.
¿Acaso puede una nación construirse sin la existencia de consensos mínimos
sobre hacia dónde tiene que empujar su educación, su aparato productivo, sus
recursos –siempre escasos– en materia de seguridad, justicia o salud? De nada
de eso hablan los candidatos. Sólo intentan, al estilo de Aníbal Ibarra,
demostrar que la gente los adora, que los idolatra. Y es todo un bleuf.
Es triste escribir de política en un país en el que sus referentes muestran
tantas grietas, tantos intereses personales y, a la vez, espurios.
¿Qué se vayan todos? Igual vuelven. Y vuelven porque entre todos, al final
del día, decidimos elegirlos y perdonarlos.
Con lo cual, lamentable es reconocerlo, tenemos a los representantes que
nos calzan. Más o mejor sería un regalo que tal vez no merecemos.
Ariel Neuman
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP