Política 18-05-2009 - 592 Palabras
(Elecciones)
ELECCIONES: ¿UN RETROCESO INSTITUCIONAL?
¿Testimoniales? Dícese de la candidatura de un fulano que se postula para
ocupar un cargo, pero que sabe de antemano que no lo ocupará, incluso si gana
las elecciones por goleada.
Se trata de una maniobra para arrastrar votos a una lista –presumiblemente
oficialista, aunque la maniobra podría ser utilizada por cualquier partido o
agrupación política–, que desnuda la imposibilidad de los restantes integrantes
de esa opción ideológica de ganar por su propio peso.
¿Justicia? Dícese de un poder desdibujado, cuyas decisiones los poderosos
no están cumpliendo, porque total no les pasará nada, incluso si otra sentencia
les aplica una multa o sanción similar.
¿Plazos procesales? Son aquellos establecidos en los códigos de
procedimientos, pero que por el estado de abarrotamiento y burocratización del
aparato estatal de administración de justicia (ver párrafo anterior), no están
en condiciones de dar una respuesta rápida a un conflicto que se suscite en
relación a los próximos comicios del 28 de junio.
Cuando cualquier estúpido suma dos cualquiera de las tres palabras
definidas precedentemente, advierte que la Argentina es un país verdaderamente
risible en lo que a instituciones se refiere.
Para sentarse en el Legislativo se postulan integrantes en funciones en el
Ejecutivo, y el Judicial no puede hacer nada porque hay cuestiones de prueba
que lo impiden (“si un candidato no admite en el expediente que no está
dispuesto a asumir el cargo, el juez no tiene forma de probar que la
candidatura es testimonial y debería rechazar la impugnación”, citaba el
columnista Adrián Ventura hace un par de días en su espacio en La Nación) o
porque los tiempos son más tiranos que en la tele y la cuestión no se resolverá
legalmente sino hasta pasadas las elecciones.
“Que la gente elija”, dicen algunos, haciendo la vista gorda a los
corruptores de las reglas del juego. Y es que esas reglas establecen internas
en los partidos políticos, incompatibilidades de cargos, elecciones en plazos
prestablecidos, etcétera, etcétera, etcétera.
Imagine que en medio de un partido de truco le canten la falta envido, le
digan 33 y le bajan tres cuatros, aduciendo que según las nuevas reglas
corresponde sumar el valor de las tres cartas, multiplicarlo por tres y
restarle tres. ¿Lindo, no?
Bueno. Así se maneja la política en nuestro país. Con candidatos
improvisados, con candidatos impresentables, con un electorado absolutamente
pasivo, como si no se enterara de que le están metiendo un hierro caliente por
sus partes bajas.
No hay corruptos en un sistema que está corrupto. No hay infracciones a las reglas en un sistema que las reformula continuamente.
Habrá quien diga, el 28 de junio, que fue una jornada en la que ganó la
democracia. Me atrevo a decir, en cambio, que sin importar quien gane,
institucionalmente habrá sido un día que deberá pasar a la historia como aquél
en que retrocedimos unos cuantos casilleros en el juego de convertirnos en un
país serio.
Habrá quien celebre los comicios libres y recuerde que hace un par de
décadas “una jornada de fiesta como la que vivimos hoy” era sólo un sueño. Le
responderé, entonces, que los sueños pueden parecerse a pesadillas y que elegir
entre lo malo y lo peor no es la opción democrática con la que soñó la
generación de los que no pudieron votar.
Los tres poderes del Estado están a la deriva. El cuarto poder vuelve a ser
el encargado de encausar las cosas, alertando a la ciudadanía, verdadera
poderosa, de la tragedia que está viviendo nuestra democracia.
Alcides Cepeda
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Agencia MP