Política 25-05-2009 - 550 Palabras

(Elecciones)

 

ELECCIONES ANIMADAS DE AYER Y HOY

 

Mientras el Bruno Díaz bonaerense denuncia persecuciones a sus seguidores, Darth Vader logra que la justicia deje que siga el juego y sus acólitos celebran el aval para participar de una elección que quieren ganar para no asumir.

 

Desde la vereda de enfrente los conservadores que usan sílabas de progresistas para identificarse, critican pero hacen cosas parecidas. Asumen y renuncian antes de tiempo para dar batalla desde otro frente.

 

El Apocalipsis, en tanto, ya no está en boca de la agorera, sino del Imperio, y aquella se dedica a enviar mensajes constructivos, contrariando lo que ha hecho desde antiguo.

 

Tierras adentro, alejados de la Metrópoli, la ciudadanía escucha sin margen para hablar. Miran las críticas de la gran ciudad, espantada por el manejo político que ha caracterizado desde siempre a la cosa pública local. Apenas si gesticulan cuando la proclama tiene tufillo a provocación. En tierras feudales se sabe que el que manda es el señor y al que no le gusta, o se calla o a cavar y a enterrarse en la propia zanja.

 

Los candidatos que otrora habían sido arrojados desde un precipicio por lo malvados que fueron con las trampas que nos supieron poner, resucitan y son erigidos hoy en referentes a elegir.

 

Tan confuso es todo que nadie siquiera repara en qué se está por elegir.

 

De todos lados se escuchan promesas altisonantes, como si aquí se fuese a jugar la Corona del Emperador, cuando apenas si se trata de un espacio para debatir ideas y generar propuestas de ley que, probado está, en el caso de que se aprueben difícilmente serán respetadas por la ciudadanía.

 

Es más: ni los propios integrantes de lo que debería ser el Salón de la Justicia le dan la más mínima importancia a lo que ellos mismos convierten en norma social, regla del juego para que la imprevisibilidad no sea una variable constante en nuestras vidas.

 

Es que, razonan, si el Juez no aplica sanciones o, cuando las aplica, no es necesario cumplirlas porque total no hay quien obligue a que aquello se haga, la cosa en sí no tiene mucho sentido.

 

Millones se gastan entretanto, para ocupar, entonces, aquellos sitios tendientes a hacer algo que nadie va a apreciar o, más probablemente, a no hacer nada más que cargar al sistema de papeleos burocráticos con nombres de ley o resoluciones.

 

Ni Tío Rico entiende bien el sistema político argentino. Y eso que él es un flor de avaro, capaz de poner en riesgo la vida de sus seguidores con tal de conseguir un par de monedas más para sus arcas.

 

En un set de televisión se juega la vida política nacional con actores que caracterizan a los héroes y antihéroes que están más al pendiente de lo que la farsa de la farsa pueda decir, que de lo que la farsa es en realidad.

 

¡Cuánta ficción tiene nuestra política! ¿Será que la Argentina es un país de fantasía que no merece tener una dirigencia y una ciudadanía en serio? ¿Será que aquellos que se quejan no entienden el escenario irreal en el que todo se maneja? ¿Será que sólo somos un pedazo de cartón pintado, con la fachada de una nación de utilería?

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP