Política 01-06-2009 - 569 Palabras

(Elecciones)

 

OTRO FRACASO

 

Llegamos al mes en el que, a juzgar por el espacio mediático que reciben y la omnipresencia de candidatos a todo, la suerte de la Argentina tendrá un cambio definitivo para beneficio de todos.

 

Junio no sólo es un mes frío, aquél en el que el invierno recibe su toque de largada, sino que será en este 2009 el momento elegido en función de la “crisis internacional” (sic) para realizar unas elecciones legislativas “trascendentales” en un país con un marcado presidencialismo.

 

De allí que los noticieros del cable y los chimenteros de la televisión abierta vean desfilar a candidatos con discursos preparados para la ocasión, bien dispuestos a fustigar contra el contrario –sin importar si se está del lado del oficialismo o de las oposiciones– y a dejar en claro que las ideas constructivistas brillan una vez más por su ausencia.

 

Decir que se impulsará una política de mayor seguridad, mejor educación y salud, un acceso a la justicia más célere y una batería de iniciativas económicas tendientes a incentivar la producción y el consumo, es algo que ningún candidato que se precie de tal puede dejar pasar por alto. El tema es cómo lo piensan hacer y por cuánto tiempo les durará esa idea.

 

Sucede que muchos de quienes esto proponen ya han tenido chances en más de una oportunidad para hacer lo que no hicieron y juran hoy que harán. Por eso es necesario recurrir al cuestionamiento del oponente. Primero porque es muy, pero muy fácil. Segundo, porque oculta la inoperancia propia.

 

Serán entonces, enmarcadas en este juego de escalada virulenta, unas elecciones que cambiarán caras y no mucho más que eso. Y es que, en el fondo, son contados los postulantes que llegan con ideas claras en sus cabezas, consensuadas con sus compañeros de listas y en condiciones de implementarlas.

 

Y es que esto no es un dato menor. Aparecen jóvenes promesas y respetados canosos con fojas que ameritan un voto de confianza, pero están acompañados muchas veces de una serie de peleles o pelafustanes que son impresentables, incluso frente a sus propias madres.

 

Esta delicia de las listas sábanas, aquellas que una y otra vez los candidatos se encargaron de prometer que retirarían definitivamente porque son una vergüenza para la democracia y las instituciones, siguen tan vivas como de costumbre.

 

Eso es lo que hace que en las listas nacionales haya dos o tres conocidos por partido y luego venga un rosario de ignotos, muchos de ellos capaces y honestos, muchos también de los otros.

 

Pero incluso suponiendo que esta cuestión fuese finalmente solucionada –algo poco probable en un sistema donde el clientelismo y la devolución de favores son más importantes que la meritocracia, la transparencia y la honestidad–, el gran problema seguiría en pie.

 

Entre los candidatos no hay diálogo. Faltan consensos básicos que permitan suponer que en dos años, cuando haya nuevas elecciones y se recompongan ya no sólo los pesos en el Legislativo, sino también en los Ejecutivos de todos los niveles, la política trazada perdurará.

 

La inestabilidad en el rumbo del país es un mal que nos acompaña desde, al menos, 1880. ¿Cuánto tiempo más nos puede quedar si no definimos políticas de Estado, no sólo de gobierno y de oposición? 

 

La respuesta duele tanto que prefiero no darla. Ojalá usted lo sepa, y haga algo para que no fracasemos otra vez.

 

Ariel Neuman

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