Política 06-07-2009

(N1H1)

 

¿DÓNDE ESTÁS?

 

¿Si cierra el Poder Judicial, si cierra el Congreso, por qué no habría de agarrar ella e irse a restituir la democracia en un país hermano? ¿Por qué la critican tanto por esconder la cabeza? ¿Acaso no es humana? ¿Acaso no puede tener miedo? ¿No es ésta una buena forma de decirle al precandidato opositor: “Tomá, arreglate vos”?

 

Ella se va a salvar al mundo, porque la OEA y la ONU juntas no pueden hacerlo. Porque el resto de los países de la región habilitó aviones para el operativo retorno, retiró el saludo a las autoridades de facto y condenó severamente el derrocamiento del presidente hondureño, pero ella está dispuesta a ponerle el pecho a las balas que surcan el territorio del país centroamericano.

 

¿Cómo sopesar la importancia de la presencia en uno u otro lugar? ¿Acaso es sólo para esquivar las críticas que ella decidió tomar distancia? ¿No será que, nombrado un nuevo ministro del área, se considera una muestra de confianza dejarle todo el fardo al tal funcionario, para que se haga a los tumbos y desde el vamos?

 

La maledicencia de los medios muestran a una mandataria completamente despistada, fuera de foco, ausente. Castigan así la gobernabilidad de la señora, que está junto con otros dos mandatarios de fuste, promoviendo la buena imagen del país ante el mundo.

 

Pero los medios tienen sus ramificaciones y no son sólo los argentinos los que atacan al N1H1 y la política gubernamental para enfrentarlo. Los periódicos de todo el mundo dan cuenta del triste record albiceleste, en lo que parece ser un innegable complot de los comunicadores internacionales para hacer tambalear este proyecto de país que tanto esfuerzo nos ha costado construir.

 

¿Será que el barbijo no le queda? ¿Será que el alcohol en gel daña la suavidad de sus manos? ¿Será que es alérgica al tamiflú o no está dispuesta a ir a buscarlo a altas horas de la mañana a un hospital del Gran Buenos Aires donde vive su esposo?

 

¿Por qué se habrá ido?, se pregunta más de uno, egoístas ellos que prefieren tenerla atada a la debacle, antes que verla enarbolar la bandera constitucional de otro país. ¿Acaso todos los capitanes se hunden con su barco? ¿Por qué ella no puede elegir tomarse el avión?

 

Tenemos una Presidenta que nos sobra. Por eso se puede dar estos y otros lujos, como perder por un poquitito de nada, ir de giras inconducentes o de compras por los rincones más apetecibles del shopping internacional.

 

Tenemos una ciudadanía que está muerta de miedo, en consonancia con una población que se está muriendo de verdad.

 

En ese contexto hacen falta definiciones claras y precisas. Hasta ahora, la Presidenta no ha demostrado tener un buen pulso para ello. ¿Será que por eso, en beneficio de todos, prefirió dejar las cosas en manos de su séquito?

 

Alcides Cepeda

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Agencia MP