Política 07-09-2009 - 565 Palabras

(Consenso – Estrategia de país)

 

CONSENSOS

 

Mientras se alcancen consensos para poco y nada, poco y nada será lo que se logre construir sin pies de barro.

 

El proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es un claro ejemplo de esto. La iniciativa gubernamental no sólo está plagada de deficiencias técnicas (jurídicas, económicas y tecnológicas), no sólo está sustentada en la intencionalidad clara de destruir al Grupo Clarín, sino también, y mucho más grave que la sumatoria de lo anterior, está siendo impulsada por la fuerza bruta de la mayoría.

 

Es cierto: son las mayorías las que encarnan al sistema democrático por antonomasia, pero ellas deben gobernar con el respeto por las minorías, sus opiniones y disensos.

 

En ese juego de alternancia en los sitiales de poder, países vecinos vienen demostrando las ventajas de gobernar y legislar hoy sabiendo que el día de mañana tocará estar de la vereda de enfrente, encabezando a la oposición.

 

Ningún país que aspire a lograr una estabilidad de contexto razonable administra al todo o nada en el día a día. Nadie erige enemigos continuamente y busca amigos exclusivamente por la vía del temor o de las dádivas de poder.

 

El respeto así construido, diría Nicolás Maquiavelo, dura lo que la fortuna tarda en cambiar su comportamiento.

 

El diálogo, ausente en la Argentina de los últimos 20 años, es un pilar esencial de la forma de estado moderno que decimos sostener. Tanto la democracia como el republicanismo como el federalismo se nutren del intercambio de ideas, del compartir argumentos, de la negociación bien entendida, de la fijación de rumbos y de alcanzar consensos estratégicos duraderos.

 

Lamentablemente, oficialismo y oposición parecen desconocer estas virtudes y gobiernan sus asuntos –que son los de todos nosotros–, más al pendiente de sus propios intereses que del bien común.

 

Es el proyecto de la ley de medios, pero también el conflicto con el campo, la pauperización de la educación, el enervar la justicia, el manoseo del Consejo de la Magistratura, las tergiversaciones de los índices, las amenazas a los empresarios, el chisporroteo con la prensa, la modificación del relato histórico, los fondos para el fútbol, las cuentas de funcionarios, el desoír a las urnas, el modo de administrar el producido de la coparticipación federal, formas con las que se exterioriza esta falta de comprensión de la necesidad.

 

La oposición, por su parte, no escapa a las generales y demuestra a cada paso lo fugaz de sus encuentros, signados por el desencuentro conjunto contra un adversario común.

 

Duran, pues, lo mismo que se necesita para demostrar quién es quién en el juego de pesos políticos. A lo sumo, una elección.

 

¿Qué país estamos construyendo, entonces? ¿Uno en el que todo se modifica casi a diario? ¿Uno que no ofrece previsibilidad de ningún tipo? ¿Uno que no tiene visión de futuro clara? ¿Uno que, en el mejor de los casos, dura lo que un mandato constitucional, para recrearse nuevamente cada cuatro años?

 

Un país se hace con mucha gente, muchos intereses y muchas opiniones. No existen los blanco y negro y tampoco las escalas de grises. Un país se hace con todos los colores y tiene la obligación moral de hacerlo, sobre todo cuando se cree un crisol.

 

Estamos haciendo un país distinto. Un país mal hecho. Y lo permiten los que gobiernan, pero también los que dejamos que gobiernen como lo suelen hacer.

 

Ariel Alberto Neuman

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Agencia MP