Política 14-09-2009 - 568 Palabras

(Cobos)

 

EL ROL DEL VICE

 

De un tiempo a esta parte, un gran interrogante, verdadero dilema político, es el que se vive en el Ejecutivo –o en el análisis del Ejecutivo– Nacional. La pregunta es qué rol le cabe al vicepresidente en nuestro país y las respuestas, dependen de quién las dé.

 

Para la Constitución Nacional, el vice reemplaza al Presidente en caso de ausencia, renuncia, fallecimiento. Encabeza, además, el Senado de la Nación, donde se encuentran los representantes de las provincias para debatir en el Congreso los temas de interés nacional.

 

Para el oficialismo, en tanto, el vice debe ser un chirolita presidencial, un obsecuente absoluto sin poder de disenso ni de debate, sin opción de acercamiento a posiciones diferentes o, en otras palabras, un empleaducho más.

 

Para el vicepresidente, el rol bien puede ser cualquiera de los anteriores, el de un opositor desgastado que se retira del ruedo (Chacho Álvarez en tiempos de la Alianza) o un defensor de ideas distintas mantiene su espacio resistiendo embates, bajo el entendimiento –moral o político– de que en ningún otro lugar estaría mejor.

 

Desde un punto de vista ético, la pregunta que cabe hacerse es si alguien que fue compañero de fórmula del candidato a Presidente puede, una vez elegido, ‘cortarse sólo’.

 

Y en realidad, la pregunta encierra una gran falacia, pues si bien el hoy vice fue compañero de fórmula de Fernández de Kirchner, la Presidenta también fue compañera de fórmula de Cobos.

 

Siendo así, el problema real de coyuntura es la falta de diálogo, pero el inconveniente estructural es cómo se organizan las fórmulas presidenciales.

 

En el caso actual es claro que el sumar a Cobos fue más una estrategia electoralista que de administración de poder. La transversalidad K difícilmente hubiera podido imaginar que un ‘alfeñique radical’ (para utilizar una terminología que, seguramente, cruzará las mentes del FPV) tiraría abajo la resolución 125 contra el campo o que sería el gran aglutinante del arco opositor o que enfrentaría a sus compañeros de oficina en el tratamiento del proyecto de ley de medios.

 

Desde un punto de vista humano, es lógico que el vice obre de acuerdo a sus convicciones. Es cierto: en la Argentina de los últimos cuarenta años los altos valores morales de la dirigencia han sido escasos, sino inadvertidos. De allí que la actual puja suene extraña, que no logre comprenderse en toda su dimensión.

 

Con su conducta, lejos de debilitar el orden institucional, Cobos contribuye a un replanteo y a un análisis del rol de las instituciones. Que el Senado, en una madrugada, pueda dar vuelta la historia política, económica y social de la Argentina por la decisión de una sola persona acorralada, no es un hecho menor en un país donde el Congreso se ha mostrado teledirigido en muchísimas más que decenas de oportunidades.

 

En este escenario, la permanencia del vice en su cargo es garantía de molestia para el gobierno, de desgaste físico para él, pero de compromiso a la vez de la palabra asumida al momento de candidatearse.

 

De allí que, en tiempos en que hay quienes bregan por la salida anticipada de uno y otro compañeros de fórmula de sus cargos, como ciudadanos debemos instar a que permanezcan en ellos hasta el final de su mandato legal-constitucional y que, en la medida de lo posible, entiendan que en el diálogo está el mejor camino para todos.

 

Ariel Neuman

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Agencia MP