Sociedad
10-02-2004 – 586 Palabras
(Secuestros -
Ernesto Rodríguez)
DESCORCHANDO
SANGRE
Vistas a través de una pantalla de
televisión, pocas cosas son tan impactantes como la realidad. Chicos
desnutridos, guerras o catástrofes naturales golpean las retinas como mazazos.
O mejor, sólo sus falsificaciones catódicas lo hacen, pero sólo cuando sabemos
que lo que estamos viendo es real.
Las mismas imágenes, reproducidas por el cine en ficciones contundentes y luego transmitidas a través del aire o de los cables, nunca nos causan la misma impresión.
La liberación de Ernesto Rodríguez,
padre de un cuestionado empresario que también supo ser pareja de una diva de
la antena, es el último ejemplo.
Por una extraña combinación de azar
y falta de comunicación interna en la policía bonaerense, las cámaras de un
canal de noticias estuvieron en el operativo llevado a cabo por los hombres de
azul.
Asombrados, los argentinos (al
menos los que vemos televisión) asistimos a la carrera de policías y
periodistas en medio de un estrépito de muerte, de balas y gritos que surcaban
el aire vegetal de General Rodríguez.
Vimos cómo los bonaerenses
apresaban e interrogaban a supuestos participantes en el secuestro. Y luego nos
enteramos de que dos personas habían muerto allí esa mañana.
Sin embargo, la de Todo Noticias no
fue la única cámara presente en ese lugar y momento. Había otra, una cuyas
imágenes en blanco y negro penetraron mucho más profundamente en el misterio de
la casa donde se ocultaban los delincuentes y de la precaria construcción en la
que el cautivo sufría su incertidumbre.
Las imágenes de la carrera entre los tiros habían sido impactantes, pero el rostro en primer plano y sin color de ese anciano barbudo que había pasado casi un mes y medio en condiciones infrahumanas, sometido a privaciones físicas y a castigos psicológicos, equiparó o superó esa sensación.
Luego vinieron los
cuestionamientos. Jorge "Corcho" Rodríguez atacó al gobernador
provincial, Felipe Solá, al decir que su manera de encarar el tema de los
secuestros aconsejando a las familias pagar rescate y sospechando de la
policía, no era la correcta. Reivindicó a los efectivos de la Bonaerense y dijo
que los corruptos sólo eran unos pocos.
Otros interrogantes apuntaron hacia
los policías encargados del operativo. ¿De dónde había salido esa segunda
cámara? ¿Quién tuvo la idea de filmar lo ocurrido? ¿Para qué?
Dicen los que frecuentan círculos policiales y judiciales que fue un alarde de la Bonaerense, que intentó de esa manera transmitir la imagen de una fuerza coordinada y efectiva en la lucha contra el delito. Si los indicios significan algo, habrá que tener en cuenta que los policías involucrados en el operativo fueron felicitados el lunes por el gobernador.
Sugestivamente, tras la liberación
del prisionero también se produjo el blanqueo de la cúpula de la fuerza:
Eduardo Colaci, hasta entonces jefe en las sombras, asumió formalmente como
cabeza visible de la Policía.
Ernesto Rodríguez y su hijo están
de fiesta; habrán descorchado champagne o lo que prefieran. Lo hicieron sobre
un mar de dudas y de sangre: la de los dos delincuentes abatidos, pero también
la de otras posibles víctimas de la misma y otras bandas que no tuvieron la
misma suerte.
Las críticas de "Corcho"
a Solá resuenan en todos los oídos (¿el camino adoptado por el gobernador es el
correcto?), mientras las imágenes repetidas una y otra vez por la omnipresente
televisión nos hablan de un operativo riesgoso que pudo terminar mucho peor.
Esta vez, las cosas acabaron bien.
Pero ¿cómo evitar que vuelvan a suceder? ¿Alguien tendrá la respuesta?
Sebastián Lalaurette
Agencia MP
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