Sociedad 11-12-2007 - 564 Palabras

(SMS – Tumbero)

 

TUMBERIZATE

 

¿Qué significa, en el sentido en que un hecho puede "significar" cosa alguna, que un spot televisivo venga invitando a enviar la palabra CÁRCEL en un mensaje de texto vía celular para aprender el código lingüístico tumbero, es decir el de los presos argentinos?

No mucho, tal vez. Al principio suena raro, provocativo y hasta escandaloso, sobre todo cuando la frase elegida para enganchar al potencial cliente es "Practicálo y divertíte".

 

He aquí nada menos que una invitación a imitar a peligrosos delincuentes, a apropiarse del lenguaje de quienes se ubican en oposición a la ley y el orden. Horror.

 

Quien esto escribe desearía que hubiera, que pudiera haber, también un servicio que permitiera apropiarse de otros códigos lingüísticos y por tanto de imitar a otros modelos: "Enviá ÁTOMO al 31416 y divertíte hablando como Einstein", "Mandá la palabra EXISTENCIALISMO y aprendé el código sartreano", "¿Te sentís perdido en las charlas de tus amigos intelectuales? Enviá HITCHCOCK y seducí a las chicas con citas de libros y películas".

 

Hablando en serio, no es tan terrible que el lenguaje de los maleantes, criminales, estafadores, vividores y demás yerbas fascine a los adolescentes a quienes va dirigido el anuncio (promoción de un programa televisivo dedicado a mostrar la vida en las cárceles).

 

La captación comercial del fenómeno es un signo de los tiempos, pero no uno especialmente preocupante. Es cierto que el mundo de la delincuencia no está poblado por modelos de vida alentadores, pero parece haber bastante distancia entre asumir su lenguaje y asumir su estilo de vida.

 

No hace falta volver a contar cómo en otro tiempo el lenguaje marginal fue incorporándose a la lengua culta hasta consolidarse en lo que hoy llamamos lunfardo.

 

No faltó, en la época, la oposición de la "gente decente" y los ilustrados a la incorporación, primero a las letras de tangos, y luego al habla común, de términos acuñados y gastados por ladrones, compadritos, malevos y jugados en su reclusión forzada.

 

Hoy no nos escandalizan las palabras "ortiba", "rati", "fiolo" o "bufoso", y sí nos causan risa esas antiguas prevenciones.

 

La situación de hoy parece calcada de aquélla, aunque con condimentos propios de la nueva época como la señalada incorporación a una estructura comunicacional/comercial y la sensación de que, entre los criminales como en multitud de otros ámbitos, "ya no hay códigos". Hoy son aun peores modelos que ayer, cuando poetas como Raúl González Tuñón podían pintar a los ladrones como seres tiernos, queribles y profundamente melancólicos.

 

La invitación a tumberizarse no es preocupante precisamente porque hay otros fenómenos que sí lo son. En efecto, la incorporación en pequeñas dosis del lenguaje tumbero al acervo cultural de quienes no lo dominan no es nada al lado de la legitimación social con que hoy cuentan los "pibes chorros", elevados casi a la categoría de héroes en lucha contra autoridades violentas y arbitrarias en medio de un sistema social de iguales características.

 

En vez de escandalizarnos por el exhorto a aprender de qué se habla cuando se dice "fiche", "merluza", "palmera", "soldado" o "rescatarse", vendría bien que nos escandalizáramos ante la terrible situación social que es caldo de cultivo de la delincuencia y la violencia en general.

 

En estos días de recambio de autoridades, hacer que esa legitimación se vuelva un anacronismo sería un buen objetivo a incluir en los diferentes programas de gobierno.

 

Sebastián Lalaurette

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Agencia MP