Sociedad 25-12-2007 - 586 Palabras

(2008)

 

RESOLUCIONES

 

Ahora que 2007 se desangra como una esperanza larga, ahora que el calendario alza una medianera inmaterial entre lo que fue y lo que será, pensar en el futuro es inevitable como la muerte y los impuestos.

 

Hasta el más contrario a balances y resoluciones se detiene aunque sea un rato a considerar lo que pasó y a adivinar lo que viene; es tan fuerte la ilusión de cambio que hay que hacer, para evitarla, un esfuerzo brutal que se traiciona a sí mismo, porque rechazar una cosa ya es pensar en ella (y si lo duda, querido lector, lo conmino ya mismo a no pensar de ninguna manera en elefantes rosados con zapatillas de ballet).

 

A nivel colectivo, nada demasiado importante parece haber pasado durante 2007 en la Argentina. Tuvimos el cambio de gobierno más intrascendente que se pueda imaginar y no hubo modificación alguna en términos sociales, con la pobreza instalada como un mal endémico atajado malamente por la enorme cascada de dinero que son los planes sociales.

 

No se aprobaron leyes que definan de una vez temas sensibles como el aborto, la eutanasia o el estatuto de viejas y nuevas drogas (no se ha legalizado la marihuana y nadie ha propuesto, que se sepa, prohibir el tabaco). Tampoco se ha logrado poner coto al conflicto con Uruguay por la instalación de Botnia. A la vista de la clara continuidad política y económica, no parece que quepa esperar tampoco grandes novedades para 2008 en este sentido.

 

Lo cual nos deja con los balances y pronósticos de cada uno para su propia vida. Que tienen sus bemoles, tanto a nivel operativo (que me aspen si, a la hora de poner en la balanza los acontecimientos del año que termina, me acuerdo de lo que pasó hace cuatro meses) como en un estrato más profundo (la ilusión, la maldita incongruencia entre las lentes con que miramos al pasado y al futuro).

 

Así en la Historia con mayúsculas de la especie humana como en las historias pequeñas que son nuestras vidas, la noción de progreso es problemática, cuestionable, parcialmente ilusoria, pero también parcialmente aplicable.

 

Sabemos que en la maraña de avances, retrocesos y desvíos a que nos somete el curso de las cosas es posible en cierta medida hacer algo, producir cambios. En la vida personal esto se llama "crecer". La mirada crítica sobre el año que pasó y las resoluciones para el próximo son (mejor dicho pueden ser) el impulso inicial de algunos de tales cambios. ¿Qué importa que sea una ficción, una arbitrariedad numérica, lo que nos hace volver sobre el pasado y pensar en el futuro?

 

Así como es natural para nosotros, los seres humanos, tratar de encerrar en compartimientos más o menos iguales (con un día de diferencia cada cuatro años) el transcurso ininterrumpido del tiempo hacia la muerte, también nos es propio detenernos cada tanto, observar el camino recorrido y pensar hacia dónde vamos y hacia dónde queremos ir.

 

Cada uno lo hace con mayor o menor lucidez, según, principalmente, el estado de ánimo del momento. Pero nada de esto está grabado en piedra: uno puede volver sobre sus pasos, reexaminar su balance y resoluciones el cuatro de enero, o el quince, o el catorce de abril.

 

Que no se agote el impulso de crecer, que a mediados y fines de 2008 conservemos la energía necesaria para hacernos cargo de nuestras vidas, es el mejor deseo que se pueda formular en este fin de año.

 

Sebastián Lalaurette

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Agencia MP