Sociedad
22-01-2008 – 551 Palabras
(Rosana Galliano)
REMANSO DE SANGRE
¿Qué hay detrás del crimen de Rosana Galliano, la joven que fue asesinada al salir de su casa en
un barrio privado de Exaltación de la Cruz? Seguramente mucho, aunque poco es
lo que se sabe hasta ahora. Despecho, celos, dinero, las motivaciones más clásicas
de los hechos de sangre podrían todas caber aquí, al igual que en otros casos
como el de Nora Dalmasso, aún irresuelto, con el que
este nuevo homicidio presenta notables coincidencias.
Varias cosas llaman la atención en el caso
de esta mujer de 29 años ultimada con cuatro balazos. Una es su juventud, que
contrasta con la edad más avanzada de su ex marido, José Arce (59). Otra, la
actitud de su hermana, Mónica, que aparentemente se quedó dentro de la casa
luego de que el asesino acribillara a Rosana. Una tercera, esa relación con el
jardinero al que ahora apuntan varios dedos. Aún una cuarta: la madre que se
fue de la casa de Arce, al parecer, cuando éste la
acusó de haber robado. Cada una de estas cosas da pasto a suposiciones bien
previsibles.
Y hay más. Como las llamadas a la policía
y la ambulancia por interpósita persona. O el hecho determinante de que el
celular no tenía señal dentro de la casa y todo el mundo lo sabía. O ese
detalle truculento que se sumó hace pocos días: la abuela que murió sin haber
llegado a enterarse del crimen de su nieta.
Como otros crímenes aparentemente
pasionales, éste dispara prejuicios a repetición. Entre la noticia y la
elucubración casi no hay espacio: enterarse de lo que pasó y suponer montones
de cosas es un solo movimiento casi inevitable, como la gravedad.
Así, la diferencia de edades se hace
equivaler a interés y a infidelidad, más allá de la existencia de dos hijos de
la pareja. El poder económico hace creíble un crimen por encargo. El escenario
lleva a mezclar en la imaginación amor, sexo y dinero. Tal vez operaciones poco
claras.
El nombre del barrio, "El Remanso",
parece irónico cuando uno piensa en lo ocurrido: tras el crimen, cada dato
lleva a desplegar un panorama de historias sórdidas. No ayuda la actitud de
Arce, que en cada encuentro con la prensa se preocupa por sugerir que detrás
del crimen puede haber un (... o una) amante: recuerda a la de Macarrón, el
viudo de Norita, quien llegó incluso a decir que la
perdonaba (y uno se ve forzado a pensar en el crimen como un castigo, como una
sanción moral).
No nos corresponde, por supuesto,
dilucidar estas cosas, pero la narración de las circunstancias de la vida y
muerte de estas mujeres arquetípicas convoca poderosamente a nuestra fantasía (la
intelectual envuelta en una trama oscura, el espíritu libre que pagó el precio
de su levedad, la trepadora caída en desgracia son personajes que conocemos y a
los que intentamos hacer encajar en estas historias reales).
La realidad del crimen de Rosana nos es y
nos será ajena. La ficción colectiva en torno de él es otra cosa. Somos máquinas
de tejer hipótesis porque nos seducen estos casos, tocan en nosotros fibras
profundas y sensibles. En algún lado, más allá de eso, hay un asesino y una víctima.
Más acá de ellos está la historia.
Sebastián Lalaurette
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP