Sociedad 29-01-2008 - 555 Palabras

(Tránsito – Muertes)

 

MORIR AL AUTO

 

En enero fueron al menos 130 los muertos por o con autos. Eso nos colocará, una vez más, bien arriba en los rankings internacionales de incidentes vehiculares. No se sorprenda. No se espante. Haga algo.

 

Rutas en mal estado, automovilistas temerarios, autos descalibrados, señalizaciones deficientes, peatones suicidas y un sinfín de aditamentos más conforman un cóctel que va diezmando a familias enteras semana a semana.

 

Las leyes, para colmo, continúan con una política de permisividad casi absoluta para con aquellos que los medios suelen denominar “asesinos al volante”.

 

Por si fuera poco, los chicos salen a manejar cada vez más chicos y los grandes cada vez más presionados, ya sea por un empleador o por el deseo de llegar pronto al cielo o al infierno o por las ganas de sentirse Ayrton Senna.

 

Las normas de tránsito difieren de localidad en localidad, pero tampoco son muy respetadas dentro del marco en el que deben aplicarse. Ni distancias mínimas reglamentarias, ni detención en bocacalles, ni señalización, ni uso del cinturón, ni velocidades máximas y mínimas, ni respeto por las escuelas, las viejecitas o las ambulancias. Nada de nada se cumple.

 

A eso se agrega que, sobre todo en provincia y en el interior del interior, obtener un registro de conducir es tanto como ir a la oficina correspondiente y pedirlo. Ni examen de manejo ni nada que se le parezca. Total, es un buen chico.

 

El registro así obtenido permitirá manejar en un paraje desierto de la ruta 40 o en el microcentro porteño como si fuera exactamente lo mismo. Sin dudas, no lo es.

 

Camiones de frente, colectivos de costado, autos destartalados, chicos que no son penalmente responsables y usan el rum-rum de papá como un juguete para divertirse con amigos o impresionar a las chicas son parte de esta fauna que todos los días se cobra las vidas de conductores, motociclistas, ciclistas y peatones.

 

¿Hasta cuándo seguiremos manejando así? ¿Por cuánto tiempo más estaremos dispuestos a reglarnos la vida cada vez que salimos a la calle? ¿Acaso con la inseguridad y la violencia no es suficiente? Evidentemente no.

 

Pasamos, no miramos, matamos, seguimos, escondemos, mentimos.

 

¿Por qué sorprenderse cuando las estadísticas crecen, si nadie hace nada para que eso no ocurra?

 

Habría que unificar las normas viales en todo el país, como paso previo para hacerlo en todo el Mercosur. Y no se hace.

 

Habría que interconectar las bases de datos para que un infractor en la Capital Federal no pueda sacar un nuevo registro en La Plata. Y no se hace.

 

Habría que enseñar los verdaderos usos del automóvil. Y no se hace.

 

Habría que analizar y evaluar mejor a quién se le da un registro y a quién no. Habría que sancionar a quienes fabrican motores que sobrepasan los límites permitidos y promocionan esa cualidad como diferenciales de sus máquinas. Habría que castigar al que lastima y huye y oculta, y no mandarlo a estudiar educación vial.

 

Muchas cosas habría que hacer. Mirar por los espejos, mantener el carril, no tomar, ponerse el cinto, dejar de parlotear por el teléfono celular, respetar la vida. La propia. La ajena.

 

No se puede perder más tiempo. Mientras estuvo leyendo estas líneas, probablemente atropellaron a otra persona. Nadie ha hecho ni hará nada. Solamente depende de usted.

 

Magalina Estevez

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Agencia MP