Sociedad 12-02-2008 - 589 Palabras

(Playa)

 

 

UNA ECONOMÍA DEL MIRAR

 

"¡Cirio, te rompo el corazón en una semana!" La frase, gritada por un veraneante que permanecerá anónimo, no carece de intriga (¿por qué el plazo?, ¿es una declaración de amor verdadero?, ¿hubo algún cambio de último momento antes de pronunciarla?), pero todas las elucubraciones se disuelven en el aire mientras la modelo emprende la retirada entre exclamaciones y hasta aplausos.

 

Jésica Cirio no se inmuta: mantiene esa sonrisa intacta, brillante, que parece sincera. Es la estrella del desfile y lo sabe y todos saben que lo sabe.

 

Mientras las curvas de Jésica arrancan suspiros y lamentaciones, a apenas cincuenta metros, también en el parador pinamarense donde tiene lugar el improvisado desfile (en un par de horas llegará el "oficial"), otros cuerpos femeninos se destacan entre la multitud que espera la actuación de una banda de rock. Sus dueñas, claro, se esfuerzan por destacar: caminan todo así y se levantan frecuentemente para acomodar la reposera, la toalla, las tiritas de la bikini.

 

A la playa se va a mojarse los pies y todo lo demás, a tostarse, a hacer castillitos de arena, a jugar, a leer, a charlar, a dormir las mejores siestas, pero también a mirar y ser mirado. En Pinamar, a las cuatro de la tarde, los ojos son órganos vitales.

 

De modo que no es extraño que las chicas de las reposeras se afanen por captar la atención o que las modelos sonrían ampliamente mientras circulan por la improvisada pasarela de arena. Ni que repitan la operación luego, en otro parador, esta vez con música, conducción y el infaltable auspicio de las marcas.

 

Pasa Jésica, pasa Alejandra Maglietti, la rubia que se hizo famosa tras protagonizar una publicidad de snacks y que ahora ondula cubierta de un brillo dorado. Las otras modelos desfilan ante el deleite popular mientras la audiencia reproduce sus nombres más o menos conocidos: Romina Galvagni, Ariadna Decarlos, Melina Pitra, Ayelén Bonaccina.

 

El deleite no es parejo, claro. Tomemos otro día, otra playa, más o menos la misma historia. "No es lo que yo esperaba. Yo venía a ver ropa y la verdad, no hay ropa divertida, es todo igual", dice ella, a prudente distancia de la multitud que contempla extasiada a las chicas, mientras él (su marido, sí), inmerso en esa misma multitud, dice que él no, no va a ver ropa, y cuando se entera de que la pasada en curso es auspiciada por una famosa peluquería, admite que les miró el cabello a las chicas pero "no mucho".

 

No hace falta tener el corazón de Jésica Cirio para ganar en esta especie de economía del mirar y ser mirado. Y si no, pregúntenle a Yasmín Ahuad, que con apenas dieciocho años y unas curvas más terrenales fue declarada Miss Cuidarte es Quererte en una elección organizada por Bayer para su campaña por la difusión de métodos anticonceptivos. El premio: una estadía de una semana en el Club Med de Troncoso, Brasil. Nada despreciable, por cierto.

 

"No buscamos chicas hiperpulposas, sino un estándar de belleza más normal", explican los organizadores. Y, por si hiciera falta, agregan que la campaña está dirigida a la mujer, "pero no excluimos al público masculino", por ejemplo a buena parte de las doscientas personas que siguieron la elección en vivo.

 

En la playa, cada uno es lo que tiene para mostrar. El capital visual reemplaza a la inteligencia, a la simpatía e incluso al dinero. Mirar, ser mirado, son los intercambios que importan aquí. El resto es secundario.

 

Sebastián Lalaurette

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Agencia MP