Sociedad 13-05-2008 - 550
Palabras
(Mentira)
ELOGIO DE LA MENTIRA
La ciudad apareció empapelada. Un día, dos, tres. Se acusa al Grupo Clarín
de mentir, a su canal de noticias TN de mentir, al diario de mentir. Miente,
miente, que algo quedará al fin.
La iniciativa de empapelar la ciudad y ensuciarla, más allá de los ribetes
políticos que la respaldan y la motivan, no es más que un reconocimiento de que
vivimos en una sociedad atravesada por el engaño. Todos contra todos.
Porque no es sólo el que puede hacerse desde un gobierno o desde un medio o
multimedio de comunicación, sino de aquel que todos somos capaces de realizar
en nuestra vida diaria.
¿Quién no ha dicho, aunque sea una vez y en color blanco impoluto, una mentira para justificar una llegada tarde, un olvido de tarea o de cumpleaños, una infracción de tránsito, un “te queda bien ese vestido”, un estás igual, un te quiero?
La mentira -rosa, blanca o negra- forma parte de nuestra cotidianeidad. La
justificación psicológica se encuentra en el temor a la reacción ajena frente
al conocimiento directo de la verdad.
¿Me querrá? ¿Me gritará? ¿Me retará? ¿Me dejará?
Sobre el tema suelen realizarse muchos estudios alrededor del mundo. Por lo
general, se llega a conclusiones del tipo: “se miente menos en países
anglosajones y eslavos” o “en naciones con climas fríos la gente es menos
propensa a fabular con miras a ocultar la realidad” o los más peyorativos “los
latinos mienten más” y algunas otras que dicen que “cuanto menos fluidas son
las relaciones humanas menos se miente”.
Una explicación hay en ese sentido que indica que la mentira es más fértil
en aquellas sociedades en las que el riesgo de hablar y ser tenido por idiota
es mayor al de hablar y no ser escuchado.
Si hace la prueba en un salón de clases universitario argentino, verá
empíricamente que los alumnos no suelen evacuar sus inquietudes por miedo al
ridículo. En Canadá, en cambio, y sólo por citar un ejemplo, todo es
fantástico, maravilloso y ‘güanderful’, por más banal que sea.
Este elogio constante, muy propio de las profesoras de inglés al más mínimo
‘aiamepiupil’, es lo que estimula el decir la verdad por sobre la mentira.
El regaño es consecuencia y causa del fenómeno. La reprimenda social para
quien se equivoca en una sociedad donde un segundo puesto es igual a fracaso,
no hace más que alentar la espiral de mentira.
¿Pero se puede vivir en una sociedad donde todos engañan a todos, dónde el
truco, pasión de multitudes, es un juego basado en la astucia, la simulación y
el engaño?
Si Clarín verdaderamente miente, no miente más que el gobierno o que todos
sus lectores o que todos los que no leen Clarín.
¿Somos mentirosos por temor a equivocarnos? Pues tengamos en cuenta que
equivocarnos es la única forma de transitar el camino del aprendizaje.
¿Somos mentirosos porque no estamos satisfechos con nuestras verdades? Pues
tengamos en cuenta que esas verdades siguen estando allí por más que intentemos
taparlas bajo una catarata de palabras mal habidas.
La mentira tiene patas cortas. A los mentirosos les crece la nariz. Al
pastor que le miente al pueblo, el lobo le come las ovejas.
¿Será que por mentirosos es que estamos así?
Alcides Cepeda
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP