Sociedad 03-06-2008 - 577 Palabras
(Educación sexual)
EL CARRO DELANTE
Los editores de los diarios trabajan
esencialmente por asociación. Determinar qué notas son más destacables que
otras tiene que ver con su contexto y sus relaciones; elegir una foto requiere
pensarla en conjunto con el texto al que acompañará; pensar un título es, en
fin, asestar un concepto que apele rotundamente a la experiencia previa del
lector y a las probables implicaciones de lo que se le está contando.
Como, además, se trata de un trabajo que hay
que hacer rápido (y como, en rigor, muchos editores cumplen con la regla
general de que los periodistas somos básicamente vagos), existen palabras que,
en la mente de quien debe titular, vienen automáticamente asociadas con ciertos
temas. Una de ellas es “polémico,ca”, que aparece en la mente apenas uno se
entera de algún proyecto o medida relacionado,da, con la sexualidad.
No hace falta hablar, por ejemplo, de una
“polémica medida” adoptada por el gobierno en punto a educación sexual, porque
toda medida adoptada, o en estudio, o apenas sugerida en punto a educación
sexual está condenada a ser polémica.
En este caso, se trata de la decisión oficial
de imponerles a todas las escuelas la obligación de informar a los alumnos, en
las clases de educación sexual, sobre TODOS los métodos anticonceptivos que
existen, sus alcances y diferencias.
En un país donde el embarazo adolescente es
tan común no debería haber oposición a tal regla o, mejor dicho, no debería
haber necesidad de establecerla, ya que la ley marco dispone la obligatoriedad
de la educación sexual. Pero existen opositores. Son los previsibles: la
Iglesia Católica y las asociaciones “pro-familia” que siguen en general su
doctrina.
A esta altura el asombro se desvanece: ante
la disyuntiva entre dar el visto bueno al preservativo y ofrecer un perfil
anacrónico, la Iglesia opta por esto último. Al parecer, prefiere amonestar a
las chicas por quedar embarazadas y luego tratar de impedir que aborten, en vez
de aceptar que eviten directamente el embarazo. Su propuesta alternativa: la
castidad, un método que sí es 100% seguro frente al riesgo de embarazo o
contagio, muy superior al preservativo (bueno, no cubre violaciones, pero, por
lo demás, es un sistema perfecto.)
Y ahí está el dilema: desde que comenzaron a
menearse las últimas reformas educativas, este sector presionó para que los
colegios religiosos pudieran ofrecer su propia visión de la educación sexual y
la anticoncepción, y es así como en estos colegios es raro que se enseñe lo que
es un preservativo y, en cambio, es común que se exhorte a los chicos a
permanecer vírgenes o a tener una sola pareja.
Por suerte, Iglesia y Estado son entidades
separadas y la ley puede requerir que la información circule hacia quienes la
necesitan. También entre las alumnas de colegios religiosos hay embarazos,
aunque sean, tal vez, menos visibles: justamente opera allí, en esas familias
devotas, la mayor presión para el ocultamiento.
La necesidad de la anticoncepción es evidente
aun sin considerar el peligro del sida. Quienes pretenden introducir
masivamente la castidad entre nuestros jovencitos ignoran la urgencia del
problema. Lo que hacen es poner, proverbialmente, el carro delante del caballo:
pasará mucho tiempo, si acaso, hasta que los adolescentes dejen de sucumbir a
la amplia disponibilidad de desahogos sexuales, y mientras tanto decenas,
cientos, miles de chicas quedan embarazadas y algunas de ellas, y algunos de
ellos también, se contagian de algo que por ahora no se cura.
Sebastián Lalaurette
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP