Sociedad 17-06-2008 - 557 Palabras
(Inteligencia)
¿PERAS CON MANZANAS?
En vista de los acontecimientos que pueblan
los canales de noticias (guerras militares y civiles, atentados, desastres
ecológicos, reelecciones incomprensibles), suena como un chiste decir que los
seres humanos somos cada vez más inteligentes. Pero parece que así es. Al menos
según los resultados de los tests que miden eso.
“Eso”, es decir la inteligencia, parece
ser una cosa elusiva, que nunca se sabe exactamente dónde está. Este
crecimiento continuado podría ser a la vez una prueba y una refutación:
conocido como “efecto Flynn”(1), el aumento de la inteligencia promedio de los
seres humanos, que obliga a “resetear” la escala de puntajes cada tanto tiempo
para que el coeficiente intelectual (CI) medio vuelva a cien puntos, desmiente
y confirma que hay algo medible que podemos llamar de esa manera.
Por una parte, los especialistas han logrado
cierta precisión en los resultados de los tests de inteligencia: nunca exentos
de cuestionamientos, son un instrumento indudablemente útil para la psicología.
Es por eso que podemos cotejar promedios con cierta razonabilidad y a partir de
allí determinar cómo varían en distintos lugares o situaciones.
Por la otra parte, la misma existencia
del “efecto Flynn” hace tambalear el mismo concepto de inteligencia como algo
medible. ¿Será verdad que somos cada vez más listos o se trata simplemente de
que los cambios en la cultura nos hacen cada vez más aptos para contestar bien
cierto tipo de preguntas? ¿No será que lo que aumenta es la “inteligencia” que
miden los tests, en tanto que de la “inteligencia” real siempre pudimos decir
poco y nada?
Es una objeción casi obvia: se trataría de
los inconvenientes de comparar peras con manzanas. Sabemos que en las últimas
décadas todo el mundo se ha familiarizado mucho con el mundo de las palabras e
imágenes y con razonamientos computacionales, por la irrupción de la televisión
primero, y luego del universo digital (computadoras, celulares, Internet y todo
tipo de aparatos con menúes e iconitos). Sin embargo... aparentemente los
aumentos más notables en el CI se dan en los tests “culturalmente reducidos”,
es decir, en los que menos dependen del conocimiento previo de palabras y
símbolos. Parece que nos estamos volviendo más listos, nomás.
Cada explicación que se ha intentado dar al
“efecto Flynn” ha resultado insatisfactoria. Todas suenan razonables al
principio, pero para todas hay datos experimentales a favor y en contra. Este
aumento sostenido de la inteligencia es todavía bastante misterioso.
Por supuesto, lo más misterioso de todo,
diría un paisano, es cómo este aumento de la inteligencia no lleva a un aumento
de la paz y el bienestar general. El propio James Flynn, descubridor del
efecto, lo decía con evidente frustración: si es verdad que ahora hay veinte
veces más genios que antes, deberíamos estar viviendo “un renacimiento cultural
demasiado grande como para pasar inadvertido”.(2)
Evidentemente no es así: ya Flynn decía que
le parecía difícil creer que su propia generación fuera significativamente más
lista que la de sus padres, y hoy podríamos repetir lo mismo. Pero la
existencia del efecto ha quedado bastante demostrada.
Desconcertados frente al televisor, que nos
muestra un mundo tan diferente de la utopía ilustrada que imaginaban nuestros
antepasados, seguimos en modo paisano para decir que el problema central no
parece ser la inteligencia sino qué hacer con ella.
(1) http://www.indiana.edu/~intell/flynneffect.shtml
(2) http://pespmc1.vub.ac.be/FLYNNEFF.html
Sebastián Lalaurette
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Agencia MP