Sociedad 01-07-2008 - 554 Palabras
(Cromagnón – Chabán – Justicia)
IMÁGENES Y DERECHOS
A esta altura usted seguramente ya sabe que Omar Chabán, el empresario acusado por la tragedia del boliche República Cromañón, fue descubierto por las cámaras de un canal de televisión hace pocos días, cuando cenaba en una parrilla del barrio porteño de Palermo junto a su ex pareja, Katja Alemann, y dos amigos de ambos. Las imágenes de la aún hermosa actriz, persiguiendo exaltada al camarógrafo y argumentando que no tenía derecho a filmarla sin su consentimiento, fueron suficientemente difundidas como para que todo el mundo las haya visto; también las imágenes del rostro de Chabán, con gorra y sin barba, captadas mientras compartía la cena, poco antes del comienzo del juicio por la masacre.
Probablemente usted también sepa, porque esto fue ampliamente difundido, que Alemann anunció que demandará al canal que tomó las imágenes. En una muy breve carta dirigida a los medios, argumentó que los derechos sobre la propia imagen "son personalísimos" y no se puede utilizar esa imagen sin consentimiento de sus propietarios, "salvo en los casos en que se exceptúa este derecho, lo cual no corresponde a los hechos" ocurridos en esa ocasión.
Más allá de la pertinencia de la demanda (ambos fueron filmados en un lugar público, no en el interior de la casa de alguno de ellos, y muchos piensan que el derecho a la intimidad o a la protección de la propia imagen es muy relativo en esas circunstancias), es indudable que el acoso sobre Chabán y su entorno se mantiene intacto.
La presencia del ex gerenciador del boliche que, sobre el último día de 2004 se incendió, provocando la muerte de casi dos centenares de personas, en un restaurante de moda provocó la indignación de parientes de las víctimas, los mismos que presionaron para que el entonces jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, fuera destituido (lograron su objetivo), los mismos que no perdieron oportunidad de censurar cualquier tipo de aparición pública de Chabán, cuya responsabilidad en el hecho aún no fue determinada por la Justicia.
Digámoslo así: luego de pasar más de dos años preso sin condena, ahora Chabán está libre. O al menos debería estarlo: lo cierto es que el hombre no puede pasearse por ahí como lo hacemos usted y yo, ya está (permítaseme la expresión remanida) condenado de antemano por la sociedad.
Ya en algún momento tuvo la oportunidad de salir en libertad y eligió permanecer encerrado; hoy, su capacidad de movimiento es en buena parte ficticia.
El derecho a la propia imagen esgrimido por Alemann no parece aplicarse en la práctica a él mismo: tuvo que cambiar su rostro, modificarlo, ocultarlo bajo una visera, para poder salir a cenar a una parrilla, y ni aun así escapó del ultraje social.
Ya dijimos alguna vez (en una columna titulada "Destierro", y publicada por Agencia MP –www.agenciamp.com.ar– el 21 de junio de 2005), que el confinamiento de Chabán era un producto de "la opción filosófica tan cara a los argentinos que prescribe el predominio de los sentimientos y de la noción individual de justicia por sobre el sistema legal y los procesos judiciales e institucionales".
Sean cuales sean el desarrollo y los resultados del juicio que está por empezar, el incidente de la parrilla de Palermo demuestra que en tres años la situación no ha cambiado.
Sebastián Lalaurette
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP