Sociedad 22-07-2008 – 590 Palabras

(Alcohol)

 

MUNGUIS

 

UNO: DERIVADAS. Arranca cualquier integrante del grupo con una palabra, como “pasto”, y los que siguen en la ronda van aportando conceptos relacionados: “verde”, “planta”... Si alguno dice “algo especialmente colgado o pelotudo”, explica el muchacho, se llama a votación, y quien pierde (el “colgado” o su denunciante) debe concretar un “fondo blanco”. Con el paso de las horas, las rondas se vuelven cada vez más incoherentes.

 

DOS: EL REY MANDA. Se distribuyen cartas entre las personas sentadas a la mesa; una de ellas es el rey. Quien la recibe propone una prenda que deben cumplir los que tengan dos cartas determinadas (no se sabe de antemano quiénes son). Si quieren, la cumplen, y si no, “fondo blanco”. La joven proponente del juego dice que “al principio van a empezar con boludeces” pero, a medida que suba el nivel general de alcohol en sangre, “la cosa se pone bien picante jajajaja”.

 

TRES: PATO, PATA, PUM, AGUA. De acuerdo: las reglas de éste son un tanto complicadas para quien haya ingerido aunque sea una mínima cantidad de cerveza. Alguien dice una cantidad determinada de patos; el siguiente calcula y dice la cantidad total de patas (es decir el doble); el que le sigue dice “pum” tantas veces como patos haya, pero puede intercalar entre esos “pum” algunos “pifff”, que representan tiros errados. El cuarto en la ronda debe decir “agua” tantas veces como patos hayan sido alcanzados por disparos (es decir, la cantidad total de “pum”, sin “pifff”). El que se equivoca, se baja un vaso de lo que sea.

 

CUATRO: MINGUI MANGUI MUNGUI. Empieza con un extraño cántico ritual que dice más o menos así: “Larala la larala, punchis punchis punchis”, al tiempo que se golpea la mesa. Luego, el primero de la ronda dice “mingui” y señala a otro, que debe decir “mangui” y señalar a un tercero, que tiene que decir “mungui” y luego señalar a otro para que vuelva a empezar. El error, como de costumbre, implica bajarse un vaso entero de cerveza, vodka u otra bebida.

 

Todos estos pasatiempos un poco tontos fueron propuestos por jóvenes argentinos en un grupo de Facebook (popular red social vía Internet) que se llama “Juegos de alcohol para el pre”. El “pre” es el “pre-boliche” y, por si usted tiene algunos años más que ellos y no lo sabe, el objetivo de cada uno de esos juegos es emborracharse antes de llegar a la discoteca, para estar entonado en el momento del baile. El mismo concepto de “pre” no significa otra cosa que esto: consumir alcohol durante un par de horas antes de salir de gira nocturna.

 

Sólo un tonto negaría que el alcohol tiene algunas virtudes: desinhibe, descontractura, activa la circulación, colorea el rostro, afloja la sonrisa y hace más atractivo al sexo opuesto. Pero el alcohol no es, o no tiene por qué ser, sinónimo de diversión; un medio, un factor, sí, pero tal vez no un objetivo en sí mismo. Y el generalizado consenso entre los jóvenes de hoy en que divertirse significa, sin más, emborracharse, tiene algo de preocupante.

 

En efecto, pocas diversiones parecen contemplar hoy la mayoría de los adolescentes aparte de salir a bailar y “ponerse en pedo”, es decir narcotizarse. No es que en otro tiempo la variedad de opciones hubiera sido infinita, pero el énfasis puesto hoy en el consumo de alcohol como medio para la diversión la hace casi casi equivaler a la inconsciencia. Y eso es un síntoma que no conviene pasar por alto.

 

Sebastián Lalaurette

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Agencia MP