Sociedad 12-08-2008 - 599 Palabras

(Obesidad)

 

HACERNOS CARGO

 

El Senado se dispone (si es que usted lee estas líneas el día que fueron publicadas, y siempre que no lo haga demasiado tarde) a aprobar la controvertida ley de obesidad. El objetivo de esta ley es sencillo: considerar a la gordura excesiva como una enfermedad y obligar al sistema de salud a brindar atención a los afectados, como parte del Programa Médico Obligatorio.

 

Ya hay varias normas provinciales que se ocupan de garantizar la atención médica a las personas obesas. Y en una columna anterior ("El temblor", 16 de octubre de 2007) decíamos que es afortunado que el sistema legal se prepare para normalizar un problema evidente pero hasta ahora en cierta forma ninguneado, el de los gordos, personas que quieren, pero de verdad no pueden, comer menos para así bajar de peso (excluyendo, por supuesto, a quienes son obesos por otras cuestiones ya enmarcadas en cuadros patológicos, como afecciones hormonales).

 

En un trámite anterior del proyecto, que fue modificado por los diputados y por lo tanto es tratado ahora por segunda vez en la Cámara alta, una senadora había rechazado la iniciativa. Su argumento: "Hay que hacernos cargo de nuestros defectos y no esperar que toda la sociedad venga a pagar nuestras adicciones."

 

La frase de la legisladora Adriana Bortolozzi es interesante por varios motivos. Entre ellos porque pone el incontrolable afán de comer claramente entre las adicciones, una categoría médica. Y si bien existen importantes diferencias entre una y otras (se puede vivir toda una vida sin probar jamás un gramo de cocaína, pero no se puede vivir sin comer), esa clasificación, que ya está en la mente de la senadora aunque aún no plasmada en una ley, sirve para poner a la obesidad ante el mismo dilema que la adicción a las drogas, el tabaco o el alcohol: ¿prevenir o remediar?

 

El ejército de gordos convocados por el programa televisivo "Cuestión de peso" para marchar hacia el Congreso Nacional en los días previos al primer tratamiento del proyecto, no sólo es una demostración de que el problema existe. También expresa una categoría más precisa. Todos ellos podrían haber llevado un cartel que dijera "hecho consumado".

 

Si el costo de atender a todas las personas que sufren de obesidad es alto es porque se ha permitido que el mal avance en primer lugar. Es por eso que la iniciativa legal prevé también regulaciones de la publicidad similares a las que existen para los cigarrillos, pero esta vez aplicadas a los alimentos que más engordan.

 

Es aquí donde uno empieza a pensar que tal vez estemos exagerando. ¿Realmente hace falta recordarle a la gente que comer muchas grasas o llenarse de dulces puede ser perjudicial para la salud? ¿No estaremos avanzando demasiado en nuestro afán de prevenirnos de todo?

 

De cualquier manera, la eventual aprobación de la ley será un hecho positivo. Es sabido por todos que el mayor problema que enfrentan los obesos no es la adicción a la comida en sí misma sino la discriminación a que son sometidos todo el tiempo por buena parte del resto de la sociedad. Es lo que en otro tiempo sucedía (sigue sucediendo hoy, pero menos) con quienes no pueden desprenderse de las drogas pesadas: "drogadicto" era hace algunos años un insulto habitual; hoy esto parece haber cambiado un tanto.

 

¿Puede surgir algo de respeto del reconocimiento legal de una afección? Es difícil decirlo. ¿Ese reconocimiento antecede al cambio en la conciencia social o va necesariamente detrás? Es la cuestión del huevo y la gallina y, la verdad, no interesa a nuestros fines: el hecho es que el cambio está en marcha y es bienvenido.

 

Sebastián Lalaurette

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Agencia MP