Sociedad 11-11-2008 - 598 Palabras
(Chabán – Juicio – Defensa)
¿DEFENDERSE ES
PROVOCAR?
No es la primera vez que la tragedia de
República Cromañón, o “el caso Chabán” como han ¿sabido? etiquetarlo algunos
periodistas irreflexivos o no, es tema de una de nuestras columnas. Hemos
hablado ya de la imposibilidad del control absoluto sobre todas las actividades
de la vida social, de la demonización de la figura personal de Omar Chabán
frente a un entramado de responsabilidades que es oscuro pero concreto, del
ansia de venganza legitimada por los medios frente a la realidad de una
necesidad social de justicia.
No podía ser de otra manera, claro: la muerte
de casi doscientas personas en un desastre de esas características habla de
tantas cosas, mueve tantas cosas, que es imposible sustraerse a ella en los
primeros días, cuando todo está fresco, y no conviene dejarla de lado tras
algún tiempo, cuando el sistema judicial se dispone a dilucidar lo que ocurrió
y encontrar un castigo adecuado.
A estas alturas corremos, lo sé, el riesgo de
que se nos etiquete como defensores de Omar Chabán. Ya que, una vez más,
tenemos que referirnos al choque entre los requisitos de un sistema civilizado
(acusación, enjuiciamiento, presentación de pruebas, derecho de defensa,
garantías durante el proceso, decisión fundamentada) y el afán de hacer callar
a quien, señalado como responsable de tantas muertes, intenta defenderse ante
el tribunal.
Veamos: Chabán está siendo juzgado por la
masacre ocurrida en su boliche a fines de diciembre de 2004, y su argumentación
viene siendo que las bengalas que dispararon la tragedia fueron lanzadas
intencionalmente, que algunos de los asistentes al recital de Callejeros se
pusieron violentos y que su propia reacción durante el hecho permitió salvar
vidas.
A los fines de demostrar sus dichos, hizo que
se proyectara en la sala un video del show de esa noche. Resultado: los
familiares de víctimas que observaban la audiencia desde fuera prorrumpieron en
gritos e insultos y uno de ellos irrumpió en el recinto reclamando (y logrando
brevemente) que se detuviera la reproducción.
En un clima tenso, los parientes de los
muertos en Cromañón dijeron saber cuál es la intención de Chabán: “provocarnos
cada vez más”, dijo alguno de ellos a un matutino porteño.
Esto, por supuesto, no resiste el menor
análisis. ¿Por qué un hombre acusado de un delito tan terrible iba a dedicar el
tiempo y espacio de su defensa (porque son éstos y no otros el tiempo y espacio
de su defensa: las audiencias de estos días en el interior del juzgado, frente
al tribunal que decidirá su destino) a chicanear sádicamente a los padres de
los jóvenes muertos esa noche? No tiene ningún sentido.
Lo que sí tiene sentido, de hecho, es la
estrategia de defensa de Chabán. Suena hasta cierto punto razonable argüir que
si un local se incendia porque alguien tiró una bengala la responsabilidad
primaria es justamente de la persona que tiró la bengala.
No hace falta aceptar su eventual declaración
de inocencia (ha admitido de varias formas una responsabilidad parcial) ni
mucho menos su afirmación de que, al cortar el sonido, salvó muchas vidas (el
grado de demonización es tal que probablemente muchos lo visualicen agravando
la catástrofe a propósito; nosotros no), para darse cuenta de que esa noche
había entre el público al menos una persona mucho más irresponsable que el
dueño del local.
Repetimos (aunque suponemos que será inútil):
no se trata de defender a Chabán, sino de defender su derecho a defenderse; a
exhibir una, tres, seis, veinte veces las pruebas que sustenten lo que dice,
aunque verlas nos duela a todos.
Sebastián Lalaurette
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP