Sociedad 02-12-2008 - 579 Palabras
(Lobby)
EL QUINTO ELEMENTO
En estos tiempos iconoclastas, en los que
ninguna monarquía está exenta de críticas demoledoras, hay un poder que no se
cuestiona para nada: el poder del dinero. Tal vez por eso no extrañe que se
caigan a último momento leyes destinadas a proteger el medio ambiente o la
salud pública, ambos gravemente amenazados, cuando nos enteramos de que en un
caso se afectan los intereses de compañías mineras y, en el otro, de empresas
tabacaleras.
Hablamos, claro, de la ley de protección de
glaciares vetada por la presidenta Cristina Fernández, por un lado; y de la
norma “antitabaco” que sufrió un extraño camino en la Legislatura bonaerense
cuando, luego de varios meses de acuerdo unánime en la Cámara de Diputados para
sacar una determinada ley, en un par de semanas el proyecto cambió radicalmente
y fue sancionado por ambas Cámaras en una forma mucho más beneficiosa para los
productores de puchos.
Nos resulta natural, tal vez demasiado, que el dinero pueda congelar una ley de protección ambiental o hacer cenizas una restricción de la actividad de fumar. Parece un elemento más inapresable e indetenible que el aire (que podemos viciar y extinguir), el fuego (que sabemos cómo apagar), la tierra (divisible y arrendable) o el agua (a la que podemos conducir hacia donde se nos antoje y retener según sea necesario). Cuando sabemos que hay fuertes intereses económicos que se oponen a la sanción de una determinada ley, no nos parece que el riesgo de polución o de cáncer sean suficientes como para garantizar esa sanción. Y, en efecto, no lo son.
Esa naturalidad se ha traducido en las
palabras de funcionarios como el ministro de Salud bonaerense, Claudio Zin,
quien, consultado por los ires y venires del trámite legislativo de la ley
“antitabaco”, dijo que el lobby de las tabacaleras era algo habitual; o el
titular del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, Enrique Martínez, que
afirmó en una carta pública que el veto de la ley de glaciares “empieza a ser
conocido como el Veto Barrick Gold”, por la poderosa compañía minera.
Aquí está, entonces, una batalla que se
perfila claramente como entre buenos y malos, donde los malos tienen todas las
de ganar. Nada nuevo bajo el sol, pero no habiendo un Chapulín Colorado que
ponga las cosas en orden, ¿quién podrá defendernos?
La respuesta es sencilla: no podemos depender
de ningún héroe enmascarado, es decir, no podemos colgarnos de las agallas de
los gobernantes y legisladores para probar su resistencia. Tenemos que
comprometernos nosotros.
Y eso es lo que está fallando.
El evidente poder del dinero nos tiene
desalentados; tendemos a ver estas derrotas como inevitables e irreversibles.
Pero tal vez no deba ser así. No hace falta un argumento idealista para
perfilar otra posibilidad: un argumento profundamente cínico puede también
alentar una esperanza de cambio.
Es éste: los votos también representan
dinero, mucho dinero. Los políticos se matan por conseguir votos porque éstos
representan una posibilidad de acceso a un poder que puede ser inmenso y que
puede convertirlos en millonarios. Una fuerte oposición pública generalmente
los asusta bastante como para hacer retroceder una iniciativa en el Congreso.
El problema, claro, es que tiene que ser realmente fuerte; tanto como para que la
amenaza de un lado sea percibida como más intensa que los dólares contantes y
sonantes que hay del otro.
Para eso, todos tenemos que involucrarnos. O
al menos muchos. Muchísimos. Y gritar fuerte.
¿Podremos?
Sebastián Lalaurette
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP