Sociedad 23-12-2008 – 577 Palabras

(Intolerancia – Asesinato – Flogger)

 

POR FLOGGER

 

Citarse a uno mismo (“Como afirmé en su momento…”, “Yo siempre digo que…”) es un indudable rasgo de pedantería, sobre todo si el procedimiento se utiliza para confirmar que uno tenía razón en determinado asunto. Por eso es que los columnistas tienden a evitarlo, aunque, claro, no se priven de insistir en lo que ya habían dicho si es que efectivamente estaban acertados. Es una cuestión de formas más que de contenidos.

 

Pero si el tema es demasiado importante como para andar ocupándose de las formas, no viene mal, me parece, que la insistencia tome la forma de una autocita. Y si viene mal, si suena pedante, nos disculpamos por adelantado, pero realmente el problema es de importancia y no vemos que los medios masivos lo estén abordando con la profundidad que requiere.

 

“No hace falta esperar que, en efecto, la consigna ‘muerte a los floggers’ o la de ‘reventar emos’ produzcan algún cadáver para darse cuenta de que la situación es grave”, escribíamos en una columna del 7 de octubre titulada “Más, no menos” (http://www.agenciamp.com.ar/Sociedad/s_2008_10_07.htm). Dos meses y medio después, la muerte de Guillermo Joel Cáceres, el flogger de 16 años atacado por una patota en Córdoba, vino finalmente a traducir a los hechos la primera de esas consignas. La posibilidad estaba ahí, a la vuelta de la esquina, y se hizo realidad.

 

Sugeríamos en aquella columna que los adolescentes de hoy son demasiado propensos a discriminar por la pertenencia a determinados grupos o “tribus” y asociábamos ese odio, esa violencia a priori contra el que lleva otras banderas, a la intolerancia que se mama desde la infancia entre los simpatizantes de uno u otro equipo de fútbol.

 

Decíamos que los chicos aprenden desde muy chiquitos a despreciar a los hinchas del equipo contrario, primero como chiste, después en serio, y que no hay por qué sorprenderse si la violencia no estalla sólo a partir de la rivalidad entre River y Boca, por ejemplo, sino también por el enfrentamiento entre tribus urbanas.

 

Vamos a insistir en ese argumento porque la discusión mediática parece venir desdeñándolo hasta ahora.

 

La muerte del joven Cáceres (que según parece no habría sido directamente a causa de los golpes sino por un paro cardíaco; es lo mismo, claramente) desató una catarata de comentarios políticamente correctos en Internet, incluso provenientes de quienes antes chanceaban con la consigna de exterminar a los floggers.

 

Tal vez el más prominente de esos comentarios haya sido el de Cumbio (Agustina Vivero), la líder de esa tribu urbana: “Los medios lo unico que saben decir es mataron a un flogger o mataron a un chico de tal tribu urbana, LES PARECE qe en una situacion asi se puede estar juzgando el estilo? le sacaron la vida, porque no juzgan a los animales que hicieron eso en ves de fijarse como se vestìa el pobre chico, hahhahah, me dio mucha bronca, la violencia que hay, no tiene nada que ver con lo que bailemos o como nos peinemos”, escribió en su fotoblog (http://fotoblog.ciudad.com.ar/usuarios/cumbio/fotos/46168).

 

No es así. El asesinato del chico Cáceres tuvo todo que ver con su pelo, su estilo y su forma de presentarse ante el mundo. Lo castigaron brutal, irracionalmente, por ser distinto, por estar en otro grupo. Más allá de las buenas intenciones, negar esto nos impide pensar en el problema. Y, habiendo ya un muerto de por medio, lo peor que podemos hacer es negarnos a pensar.

 

Sebastián Lalaurette

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Agencia MP