Sociedad 06-01-2009 - 565 Palabras

(Antinomias)

 

DIVIDIDOS

 

En un sentido menos trágico que el de otras épocas, pero decididamente no trivial, 2008 puede ser considerado como un año en que la Argentina acentuó sus divisiones. Esto sucedió por inercia, por estallido, por decisión política, por exabrupto, pero lo cierto es que sucedió. Campo contra gobierno, cumbieros contra floggers, porteños contra bonaerenses, chorros contra antichorros, vecinos “bien” contra travestis: el nivel de enfrentamiento y de crispación no ha hecho otra cosa que aumentar durante el año que ya estamos, quizá y para mal, olvidando.

 

2008 fue, todos lo sabemos, el año en que la sociedad se partió en dos tomando como eje la pelea entre el campo y el gobierno por unos millones de dólares. Reflotaron viejos prejuicios, a los que se asociaron no tan nuevas estrategias: el resultado, una polarización social que se tradujo en una tensa, ruidosa paridad en el Congreso, que el vicepresidente deshizo en un ya célebre movimiento. Y un conflicto que continúa, por más que la gente de a pie parezca haberse cansado de él y que la crisis internacional haya trastocado los términos. (En tanto, aún resuena el “Odio a los blancos” de un desafortunado ex funcionario.)

 

Pero no fue sólo eso. También fue el año del choque entre las nuevas tribus urbanas, con un multitudinario enfrentamiento en el Abasto, primero, y el asesinato de un adolescente por el mero hecho de ser flogger, después. Sólo en el último semestre de 2008 la sociedad tomó conciencia del carácter divisivo que permea a la infancia y la juventud de hoy día, absolutamente propensas a practicar la segregación y el odio no sólo hacia quienes tienen otra religión o color de piel, sino incluso hacia quienes usan otra ropa, se peinan distinto y escuchan otro tipo de música.

 

Paralelamente a esos dos estallidos notables, otras líneas divisorias (nos vemos tentados a decir “falsas antinomias”) se acentuaron en la Argentina durante el año que pasó. Hubo conflictos para todos los gustos y por todos los motivos imaginables. Algunos de ellos fueron ampliamente registrados por los medios de comunicación, otros permanecieron en las sombras pero no por eso estuvieron menos presentes.

 

Tres ejemplos apenas. Las administraciones de Daniel Scioli y Mauricio Macri empezaron a pelearse desde el día uno por quién atiende a los enfermos de quién, quién recibe la basura de quién y quién educa a los hijos de quién; en todo el país, pero especialmente en la provincia de Buenos Aires, la estigmatización de los “pibes chorros” no hizo más que acentuarse al ritmo de una nueva iniciativa de reducción de la edad de imputabilidad penal, mientras un adolescente gritaba ante las cámaras de televisión que a los “antichorros” había que matarlos; los residentes de Palermo se indignaron cuando se enteraron de que una zona del barrio iba a ser el nuevo lugar de trabajo de los travestis que viven de ofrecer sexo a los vecinos y viajeros.

 

Todas las brechas parecen haberse ampliado y profundizado; ninguna parece haberse reducido, al menos ninguna que podamos recordar ahora. Lo peor de nosotros surgió durante 2008 con una fuerza inusitada. En un Boca-River permanente que, irónicamente, no tuvo realización literal por el flaco desempeño del equipo millonario, nos hemos dedicado más que nunca a segregar, a polarizar, a dividir, a recluir. Rever estas posiciones sería una muy buena propuesta para lo que queda de 2009.

 

Sebastián Lalaurette

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Agencia MP