Sociedad 27-01-2009 - 578 Palabras
(Calentamiento global)
LA VERDAD INCÓMODA… Y NADA
“La verdad incómoda”, el documental sobre cambio climático del ex
vicepresidente de los Estados Unidos Al Gore, verdaderamente incomoda.
El film que por estos días se está emitiendo por un canal de cable, el mismo que supo ganar un Oscar un par de ediciones atrás, muestra con escalofriante claridad cómo nosotros, seres humanos, estamos destruyendo el planeta a paso firme y progresivo.
En apenas unas decenas de años las inundaciones, sequías, huracanes,
tsunamis y otros desastres naturales, comenzarán a tomar venganza masivamente,
para llevarse con ellos la vida de cientos de millones de personas.
Por lo pronto, el cambio climático ya está repercutiendo directamente en el
comportamiento de otras especies, que mudan sus dietas y hábitat, a riesgo de
sucumbir
¿Qué se está haciendo para mitigar el problema? Básicamente: difundir el
mensaje y apelar a la toma de conciencia para que cada uno aporte desde su
lugar.
Porque si bien es cierto que entre los Estados Unidos y China compiten por
ver quién de los dos es el más dañino para el planeta en términos
medioambientales, también es cierto que desde parajes remotos del globo
terráqueo –la Argentina entre ellos–, estamos muy lejos de hacer todo lo
posible por salvar nuestro propio pellejo.
Ni ahorro de energía, ni de agua; ni uso de combustibles limpios, ni de
bombitas de bajo consumo; ni reducción de gases, ni regulación del termostato
en casas y oficinas.
Si el clima cambia no es que el clima esté loco. Nosotros somos los locos que estamos jugándonos la vida de nuestros hijos con cada emisión de dióxido de carbono que hacemos de más. Nosotros, con nuestras acciones, lo estamos enloqueciendo.
Es común, en este sentido, el razonamiento que invita a pagar a aquellos
que antes rompieron. “Si otros se beneficiaron destruyendo nuestro planeta, por
qué debemos ser nosotros los que contribuyamos con nuestro esfuerzo o cambios
en la forma de vida a recomponerlo”, dicen.
El planteo tiene su cuota de razonabilidad y hasta su grado aceptable de
justicia, aunque seguirlo al pie de la letra implica ir hacia una muerte segura
y a costos mucho mayores que los que habría que desembolsar hoy si intentáramos
hacer algo.
Hace ya dos décadas que mi profesora de Geografía me explicaba en clase que
en 70 años el derretimiento de los hielos polares haría subir el nivel del mar
y, con ello, las ciudades costeras de todo nuestro país quedarían bajo el agua.
Salvando las distancias en cuanto a herramientas y formas de explicarlo,
Gore dice exactamente lo mismo, con la diferencia que el paso del tiempo lo
hace hablar de 50 años.
Es matemática básica: una simple resta acompañada por acciones
insuficientes.
Nos estamos desertificando en un lugar e inundando a pocos kilómetros de
allí. En Indonesia, pero también en India, China, Estados Unidos y Argentina
estamos padeciendo las consecuencias de un sistema productivo irresponsable, el
que colocó al concierto de economías nacionales en el orden en que hoy se
encuentran, con primeros y terceros mundos en un mundo único.
Cada cual con sus posibilidades, con sus dineros y con sus políticas,
deberá aportar lo que esté a su alcance para contribuir.
También nosotros, ciudadanos de a pie, debemos hacerlo.
Pronto está el día en que nuestros nietos nos pregunten –mientras pasen sus
días jugando sobre una balsa– qué hicimos nosotros para evitar esto. Yo no
quiero tener que encogerme de hombros y decirle “nada”.
Ariel Neuman
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP