Sociedad 31-03-2009 - 580 Palabras

(Minería)

 

QUÉ RICA EL AGUA

 

Es una pena que la historia de Agua Rica no haya sido tomada por los medios nacionales en toda su extensión y complejidad. Porque el caso es que detrás de cada proyecto de explotación minera hay, inevitablemente, cuestiones importantes que, fuera de la vista pública, suelen ceder ante lo urgente. Nos lo vienen recordando hace seis años los pobladores de Esquel, que se oponen a la insistente campaña de Barrick Gold para montar una operación de extracción de oro, y no tiene por qué ser diferente en Andalgalá, Catamarca, donde hace pocos días Yamana Gold recibió el espaldarazo de un informe de impacto ambiental que daba el visto bueno a su proyecto para extraer cobre, oro y molibdeno.

 

Conviene saber que a ese informe lo precedió por muy pocos días un comunicado de Minera Agua Rica (la filial argentina de la compañía canadiense Yamana Gold) en el que la empresa anunciaba que había “decidido disminuir temporalmente su grupo de trabajo” en vista del difícil panorama internacional “dominado por una crisis financiera profunda y una caída del precio de los metales, principalmente del cobre”. La oración final del comunicado, sin embargo, es reveladora: “Esperamos que la mina Agua Rica pronto sea una realidad a través del esfuerzo conjunto de autoridades provinciales, nacionales y empresarios con el solo objetivo de buscar bienestar y desarrollo de las comunidades involucradas”, dice la compañía minera.

 

Entonces ¿se retiran o no se retiran? Por supuesto que no. Los ambientalistas han visto la movida de Yamana Gold como una forma de presionar al gobierno de Eduardo Brizuela del Moral para que destrabe el proyecto de explotación y, de paso, les tire alguna ayuda (“esfuerzo conjunto”), so pena de, en principio, dejar sin trabajo a cincuenta personas, y de no generar trabajo para quién sabe cuántas más a lo largo de los veinticuatro años de vida útil que se le calculan a la explotación.

 

Es lo de siempre: las consideraciones ambientales quedarían subordinadas a las sociales, que justamente coinciden con las necesidades del negocio. Es como si la minera hubiera dicho “No sean tan quisquillosos con el ambiente y piensen en todo el trabajo que no habrá si no nos autorizan la mina”. Hasta ahí, la interpretación de los ambientalistas.

 

¿Puede ser coincidencia que en Esquel, en La Alumbrera y en Andalgalá se hayan puesto en escena los mismos factores y argumentos? ¿De verdad un gobierno provincial tiene que optar entre el daño al medio ambiente y el incremento del desempleo? Suena como una opción maniquea. Pero no lo es tanto cuando la aprobación oficial de un informe de impacto ambiental se constituye como una respuesta casi simultánea al envío de medio centenar de telegramas de despido por parte de la empresa objeto del informe.

 

¿Alguien dijo Botnia? Los informes oficiales pueden apilarse unos sobre otros sin que el público en general les otorgue credibilidad; sin embargo, siempre aparece este argumento de que impedir el negocio es quitarle a mucha gente la posibilidad de trabajar. Invariablemente, por hache o por be, y luego de idas y venidas, los informes de impacto ambiental se aprueban.

 

Ahora Yamana Gold puede buscar financiamiento para su proyecto, respaldado por el visto bueno oficial. Y no es muy probable que sostenga en el tiempo el argumento de que la caída del precio de los metales le impide desarrollar su negocio rentablemente. Seguramente tendremos una mina más, un motivo más de preocupación y de conflicto.

 

Sebastián Lalaurette

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Agencia MP