Sociedad
19-05-2009 - 559 Palabras
(Juego - Casino)
¿UNA DEMANDA AL REVÉS?
“Perdió y demandó
al casino”, dice el titular(1), y no se puede negar
que es chocante. Estamos lamentablemente acostumbrados a que cada tanto un
casino sea demandado por un apostador que ganó
y a quien, sin embargo, le resulta imposible cobrar el premio; sabemos
también que las compañías de seguros, que lucran básicamente en torno de la
misma premisa (la suma de las pequeñas contribuciones, aquí cuotas, allá
apuestas, superará a las eventuales compensaciones, allá premios, aquí coberturas
médicas o de otro tipo), muchas veces son reacias a desembolsar el dinero
prometido y recurren a toda clase de subterfugios legales. Pero ¿una demanda de
un jugador que perdió?
Ya
antes de leer la nota opera en nosotros el prejuicio: he aquí, pensamos, una
persona que ha decidido culpar a otros por su propia irresponsabilidad.
Pensamos en casos como el de Stella Liebeck, una
mujer que en 1992 demandó a McDonald’s luego de
sufrir serias quemaduras al volcarse sobre la falda un vaso de café muy
caliente, cuando le sacó la tapa para agregarle crema y azúcar, y obtuvo una
victoria en los tribunales por casi tres millones de dólares; o en otros tantos
casos(2) en los que personas claramente equivocadas
abusan del sistema judicial para hacer dinero.
Sin
embargo, luego de leer el breve artículo, tenemos que admitir que algo de razón
parece tener Harry Kakavas,
el empresario australiano que demandó al Casino Crown,
de Melbourne, por las pérdidas multimillonarias sufridas entre 2004 y 2006
apostando en ese lugar. No vamos a caer en una defensa absoluta de su posición:
es verdad que nadie lo obligó a jugar una y otra vez, que libremente él eligió
sentarse a una mesa y poner buena parte de su mucho dinero a todo o nada.
Pero...
En
primer lugar, hay que decir que Kakavas no sólo se
reconoce como un ludópata (una persona enferma según el consenso de hoy), sino
que tenía prohibida la entrada al Crown, un signo de
que el problema ya era serio de entrada. Y luego nos enteramos de que el propio
casino lo atrajo luego de que cambiara su residencia para continuar apostando
en Las Vegas. Le pagaron treinta vuelos a Australia para que fuera a apostar y
lo registraron bajo un nombre supuesto para saltearse la veda.
Kakavas filmó videos y guardó
correos electrónicos que demuestran por parte del casino un afán incompatible
con las leyes de prácticas comerciales por atraerlo a las mesas de juego.
Pasamos,
entonces, de la idea de un irresponsable que no puede controlarse y luego les
echa la culpa de su desgracia a otros, a la de una corporación avariciosa que
tiende una red que cruza el límite de lo legal para explotar a una persona
aquejada de una compulsión que nubla su juicio.
Aun
si el Crown no hubiera violado algunas normas en su
obsesión por retener a Kakavas, lo cierto es que la
actitud de los casinos no puede considerarse nunca inocente. El rango de
técnicas que utilizan para mantener a la gente apostando es notable.(3) Son máquinas de incitar, de incentivar; su negocio es
que uno no se dé cuenta de la plata que está perdiendo, o de que lo olvide, o
no le importe. Espacios sin ventanas, música suave, colores chillones, chicas
atractivas con minifalda, incluso feromonas difundidas a través del sistema de
ventilación, todo vale para lograr ese objetivo.
A
lo mejor Kakavas no tiene razón y termina perdiendo
el juicio contra el Crown. Pero su caso plantea
muchos puntos válidos que frecuentemente pasamos por alto y en los que
convendría pensar.
(1) http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=24614
(2) http://www.stellaawards.com/
(3) http://www.cracked.com/article_16931_p2.html
Sebastián Lalaurette
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Agencia MP