Sociedad 02-06-2009 - 572 Palabras
(Historias)
EL DISCÍPULO
IMPROBABLE
El título de esta columna está directamente tomado del de un libro que cuenta lo que ahora vamos a contar. Es una de esas cosas que sólo pasan en las películas, pero parece que esta vez ha ocurrido en la vida real. La historia lo tiene todo: la idea audaz que tiende a la revelación, el desarrollo incierto, la posibilidad de ser descubierto, el cambio personal a través de la prueba, los amigos que aparecen por el camino, la revelación pretendida y al final, oh sorpresa, la otra revelación, la que aporta una verdad insospechada.
En efecto, lo que hizo Kevin Roose, un joven estudiante británico, y que ahora nos
cuenta
Roose,
ateo convencido, decidió dedicar un semestre de su vida a una especie de
experimento sociológico personal: se inscribió en
Su explicación es que quería experimentar de primera mano el contacto con esa gente tan extraña, "la cultura conservadora cristiana", como la llama, siendo él el producto de "una crianza secular y liberal". Tendría ya pensado escribir el libro que narra su experiencia, apropiadamente titulado "El discípulo improbable: El semestre de un pecador en la universidad más santa de Norteamérica".
Roose
no defrauda. Están todos los elementos de la broma intelectual: el ateo
estudiando los Testamentos, Evangelismo 101 (un curso de conversión de
infieles) y hasta Historia de
Pero hay otros elementos que
entraron en juego. No sabemos si lo tenía previsto o no, pero lo cierto es que
Kevin hizo amigos. Fue sintiendo una innegable culpa por estar ocultándoles que
en realidad no era uno de ellos, que sólo eran cobayos en su experimento. Hollywood contaría esto, tal vez, con música lenta y una
mirada de ojos vacíos ante la alegría inocente de algún compañero.
Finalmente el semestre llegó a su
fin y Roose tuvo que revelar su juego. En la
entrevista con la radio británica a partir de su libro, entrevista que motiva
esta columna, afirmó que fue lo más difícil que tuvo que hacer en su vida. Pero
aquí viene la sorpresa que anticipábamos: ellos, sus compañeros y ahora amigos,
no se enojaron. Al contrario: estaban emocionados de saber que uno de afuera
iba a contar cómo son realmente.
La nota de NPR se cierra con la
convicción de que la experiencia fue positiva para todos. ¿Y por qué no?
Seguramente algunos aspectos de la narración de Roose
estarán fuertemente novelados, pero no tenemos motivos para descreer de lo
esencial. Que, en resumen, consiste en esa vieja pieza de sabiduría que afirma
que ponerse en los zapatos del otro nos ayuda a conocerlo. Amén.
(1) http://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=104754773&sc=fb&cc=fp
Sebastián Laularette
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Agencia MP