Sociedad 16-06-2009 - 599 Palabras
(Mascotas - Genética)
¿IDEALES?
Quien tenga o haya tenido una mascota sabe
que la experiencia no se reduce a una sucesión de momentos idílicos como los
que presentan las películas. Hay que cuidarla, bañarla, alimentarla, limpiar
sus excrementos, evitar que rompa o dañe muebles y demás objetos, mantenerla
lejos de los bebés, soportar sus pedidos molestos mientras estamos ocupados en
otra cosa, sacarla a pasear, llevarla al veterinario cuando se enferma, retarla
cuando procede, mimarla cuando procede, dejarla con alguien si no puede
acompañarnos en nuestras vacaciones, preocuparse cuando está a punto de morir,
sufrir cuando muere.
Es una experiencia considerablemente menos
glamorosa que esas imágenes de celuloide, pero también considerablemente más
rica: las mascotas nos acompañan en nuestro crecimiento mientras las
acompañamos a ellas, nos exigen responsabilidad y despiertan en nosotros una
especie de amor que se diferencia del que tenemos por otros seres humanos.
Nadie dice que esto tenga que ser fácil.
¿O sí?
Supongamos que nos ofrecen una mascota
pequeña y suave, bella en su fealdad, incapaz de hacer demasiado ruido, que
consume sólo un tipo de comida especialmente diseñada, que podemos poner a
hibernar a voluntad si tenemos que ausentarnos por un tiempo, con una
“personalidad” predefinida y un lapso de vida prefijado, casi sin pelo y por lo
tanto básicamente limpia, que no muerde pero a la que se le pueden extraer los
dientes para mayor seguridad, capaz de gatear pero no de alejarse demasiado,
incapaz en cambio de reproducirse, que duerme dieciocho horas por día y se
encariña automáticamente con su dueño al salir del paquete... ¿La compraríamos?
Se supone que no, que una mascota tiene que hacernos la vida un poco
difícil, que su condición de ser vivo es un tanto incompatible con la
comodidad; que está bien que nos traiga problemas.
Sin embargo, no creo que sea eso lo que
ha provocado tanto rechazo en el anuncio de la creación de los Genpets, las
primeras mascotas genéticamente diseñadas. Algo en la presentación de la línea
de mascotas (unos pequeños mamíferos similares a bebés humanos), a través de un
sitio Web que está activo desde hace tres años(1), nos resulta intolerable, y
es así como la iniciativa ha despertado duros cuestionamientos desde el
principio. (Bio-Genica, la compañía fabricante de los Genpets, lo tenía claro y
en una parte del sitio argumenta que sus criaturas lo pasan mejor en el
embalaje plástico, dormidas y bien alimentadas mientras esperan a sus futuros
dueños, que los animales alojados en las tiendas de mascotas, frecuentemente en
pobres condiciones.)
Se supone que son las mascotas ideales,
pero... no, no lo son. Nos repelen en su condición de experimentos genéticos;
nos parece tristísimo que las vidas de estas minúsculas criaturas estén
previstas hasta el más mínimo detalle. En el fondo sentimos miedo porque
sabemos que la ingeniería genética ha avanzado sobre aspectos no triviales de
nuestras propias vidas, como la alimentación, y esas criaturas indefensas son
un prisma en que vemos reflejada nuestra propia débil situación.
Hay que decir, ya, que los Genpets no
existen. Son una especie de experimento social de Adam Brandejs, un joven
artista canadiense.(2) Su idea era, justamente, poner de relieve esta sensación
inconfortable ante la propia idea de una criatura diseñada genéticamente para
ocupar el nicho de mascota, cuestionar los avances de la biotecnología y
también el comercialismo morboso que a ese horror básico superpone el fuerte
deseo de poseer una de tales criaturas.
Es cuestión de tiempo hasta que algo parecido
exista de verdad. Para entonces conviene tener algunas respuestas a las
preguntas que plantea Brandejs. Desde aquí sólo podemos repetir lo que él
sugiere: “Baje la velocidad, deténgase y piense.”
(1) http://www.genpets.com/
(2) http://www.snopes.com/critters/crusader/genpets.asp
Sebastián Lalaurette
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Agencia MP